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martes, 1 de septiembre de 2015

El Sacerdocio es una Pieza Maestra del Divino Amor, Sabiduría y Poder de Cristo


Guardadlos os pido, amado Señor.
Protegedlos, Jesús, con Divino Amor.
Cada día se ofrecen a Vos sin cesar;
consumiendo su vida ante Vuestro altar.
Guardadlos del mundo, Señor, donde están,
pues, aún separados, los persigue Satanás.

Si placeres mundanos les llegase a tentar,
corazón de Jesucristo, favor de abrigar.
confortadlos, Dios mío, en pena y dolor;
disipad de sus almas angustia y pavor.

En el desaliento y la soledad,
acercaos, Jesús, y socorro prestad.
guardad, proteged, defendedlos, Señor,
cuando solos y tristes se encuentren.

También son humanos con ánimo frágil;
a veces se abruman, sintiéndose débiles.
Guardadlos sin mancha cual Hostia sin par,
que acarician a diario en el Santo Altar.
Ahora dignaos, Señor, bendecid
sus obras, palabra y todo sentir.

 (Imprimatur: +D. Card. Dougherty, Arzobispo de Filadelfia)

Padre Nuestro que estás en el cielo, santificado sea Tu Nombre, venga a nosotros Tu Reino.
Hágase Tu voluntad en la tierra como en el cielo. Dános hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas, como perdonamos a quienes nos ofenden. No nos dejescaer en tentación, y líbranos de todo mal, amén.

Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros los pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte, amén.

En San Damián, Italia, el 14 de agosto de 1965, Jesucristo dijo a Mama Rosa Quanttrini:



"Reza por los sacerdotes, reza con fervor No dejes de rezar, porque el diablo quiere derrotarlos. Recen mis hijos, ustedes que están cerca de mí."

sábado, 27 de junio de 2015

Novenario por los sacerdotes



Acto de Contrición

Jesús, mi Señor y Redentor, yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón, porque con ellos ofendí a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar y confío que por tu infinita misericordia me has de conceder el perdón de mis culpas y me has de llevar a la vida eterna. Amén

Invocación al Espíritu Santo:

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles, y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía Tu Espíritu Creador y renueva la faz de la tierra. Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus hijos con la luz del Espíritu Santo; haznos dóciles a sus inspiraciones para gustar siempre el bien y gozar de su consuelo.  Amén

Oración al Espíritu Santo por los sacerdotes para pedir la renovación de los dones recibidos de Dios:

Espíritu Santo, en este día Te pido que vuelvas a inundar el alma de Tu sacerdote_________ como en el día de su ordenación. Que vuelva el a sentir el gozo, la felicidad, la emoción tan grande de ese día. Que nunca deje de sentir, lo que sintió ese primer día, que nunca se vaya a convertir su vida en una rutina, que cada día amanezca con el mismo celo y la misma voluntad de servirte, sirviendo a los demás. Haz que de siempre buen ejemplo sin provocar envidias, haz que los que se acerquen a él sientan que se acercaron a Ti y que por medio de él tocaste sus vidas. Dale la humildad de reconocer que no somos nada, ni somos dignos de nada pero que por medio de Tu misericordia y por medio de Tu amor nos das todo sin merecerlo y que lo único que nos queda es aceptarlo y pasar cada instante de nuestras vidas agradeciéndotelo

Oración por los sacerdotes

Señor, Dios nuestro Jesucristo. Gracias por dejarnos tu presencia a través de la Santa Madre Iglesia, el Papa, los obispos y sacerdotes. Tú los llamaste a ser pastores y guías de tu rebaño. Ellos respondiendo a tu llamado, dejan todo por seguirte, se niegan a sí mismos y van tras tus huellas. Entregan sus vidas por sus ovejas, buscan la oveja perdida y la devuelven al redil. Nos alimentan con tu Cuerpo y con tu Sangre y nos conducen a la Vida Eterna. Te suplico por todos los Sacerdotes, los protejas y bendigas.

De forma especial te presento a este sacerdote  (nombre a los sacerdotes por quienes se ora, o por todos los sacerdotes)  por quien hoy ofrezco todas mis oraciones, sacrificios y buenas obras. Aliéntalo en la lucha, fortalécelo en la debilidad, confórtalo en el cansancio. Se su alegría en las tristezas y su refugio ante las incomprensiones.

Bendice sus trabajos y esfuerzos. Líbralo de sucumbir ante los ataques del enemigo. Haz de él un sacerdote santo, como Tú y el Padre son santos. Y, ante tٌí, Virgen Santísima, Madre Sacerdotal, coloco a este sacerdote (nombre de sacerdote por el cual se ora o por todos los sacerdotes) ante tu presencia. Acógelo con Amor de Madre, protégelo, anímalo, defiéndelo y confórtalo en todo momento. Se la custodia de su vocación y providente en todas sus necesidades. Bajo tu amparo deposito mis ruegos, para que se los presentes a Jesús cual si fueran tuyos. Que no quede ningún sacerdote sin tu santa intervención.

¡Oh Madre Sacerdotal! Te lo pido a Ti oh Padre, en Nombre de Jesucristo tu Hijo, Sumo y Eterno Sacerdote, en unión del Espíritu Santo, toda Gloría, Honor y Majestad. Amén.  
Padrenuestro, Ave María y Gloria. 

ORACIÓN A SAN MIGUEL ARCÁNGEL

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén.

Preciosa Sangre de Cristo; ten misericordia de tus sacerdotes
María Madre de los sacerdotes; ruega por nosotros
San Miguel Arcángel; ruega por nosotros
San Juan Bautista María Vianney; ruega por nosotros


Oración a Jesucristo, Sumo Sacerdote, por los sacerdotes


¡Oh Jesús, Pontífice Eterno!, Tú, que en un impulso de incomparable amor a los hombres, tus hermanos, hiciste brotar de tu Sagrado Corazón el sacerdocio cristiano, dígnate continuar derramando sobre tus ministros los torrentes vivificantes del Amor Infinito.

Vive en tus Sacerdotes, transfórmalos en Ti, hazlos por tu gracia, instrumentos de tu misericordia. Obra en ellos y por ellos y que, después de haberse revestido totalmente de Ti, por la fiel imitación de tus adorables virtudes, cumplan en tu nombre y por el poder de tu Espíritu, las obras que Tú mismo realizaste para la salvación del mundo.


Divino Redentor de las almas, ved qué grande es la multitud de los que aún duermen en las tinieblas del error, cuenta el número de las ovejas descarriadas que caminan entre precipicios, considera la turba de pobres, hambrientos, ignorantes y débiles que gimen en el abandono.
Vuelve Señor a nosotros, por tus sacerdotes, revive verdaderamente en ellos, obra por ellos y pasa de nuevo por el mundo, enseñando, perdonando, consolando, sacrificando y renovando los lazos sagrados del amor, entre el Corazón de Dios y el corazón del hombre.
Amén

domingo, 26 de abril de 2015

Oración al Espíritu Santo por los sacerdotes (para pedir la renovación de los dones recibidos del Espíritu Santo)



¡Oh Espíritu Santo! En este día Te pido que vuelvas a inundar el alma de Tu sacerdote____________ como en el día de su ordenación. 


Que nunca deje de sentir lo que sintió ese primer día, que nunca se vaya a convertir su vida en una rutina, que cada día amanezca con el mismo celo y la misma voluntad de servirte, sirviendo a los demás. 


Haz que dé siempre buen ejemplo sin provocar envidias, haz que los que se acerquen a él sientan que se acercaron a Tí y que por medio de él tocaste sus vidas.


Tu pueblo, Señor, necesita que él y todos Tus sacerdotes sean santos y totalmente entregados a Tu servicio. Ayúdalos porque lo que Tú les pides es muy difícil y sin Ti nada podrán hacer.
Tú sabes todo lo que deseo pedir y no puedo expresar y lo tomas en cuenta.

Gracias. Amén.


lunes, 30 de marzo de 2015

El sacerdote un crisol





Hombre tomado
de entre los hombres;
hecho de barro tan
frágil y quebradizo.

Deja que Cristo
tome esa vasija
y que lo convierta en un crisol,
en un crisol....

Para fundir allí el oro; (tu vida).
y convertirlo en Cáliz; (tu cuerpo)
que se llenará de 
Su Sangre Preciosa; (tus venas)
para la salvación
del mundo entero.

lunes, 2 de marzo de 2015

Siete pasos para discernir mejor tu vocación


Por: Arquidiócesis de San Luis Potosí, México | Fuente: www.iglesiapotosina.org

Uno de los grandes retos al que cada joven debe hacer frente es el de encontrar su lugar en la sociedad y en la Iglesia: Descubrir la propia vocación.

Los jóvenes sienten más que nunca el atractivo de la llamada "sociedad de consumo", que los hace dependientes y prisioneros de una interpretación individualista, materialista y hedonista de la existencia humana. De aquí el rechazo de todo aquello que sepa a sacrificio y renuncia al esfuerzo de buscar y vivir los valores espirituales y religiosos.

En este tema describiremos el proceso por medio del cual se puede llegar a discernir el llamado de Dios; enumeraremos siete pasos que ayudarán a descubrir el proyecto de Dios, para toda respuesta vocacional. Aunque nos referiremos directamente a las vocaciones consagradas, estos 7 pasos son aplicables a la elección de cualquier estado de vida.

1. ORACIÓN:

"¿Qué debo hacer, Señor?" (Hch 22,10).

La Vocación no es sólo lo que tú quieres ser y hacer, es ante todo lo que Dios quiere que tú seas y hagas; no es algo que tú inventas, es algo que encuentras; no es el proyecto que tú tienes sobre ti mismo, es el proyecto que Dios tiene sobre ti y que tú debes realizar.

Por eso, para descubrir tu vocación, lo primero que debes hacer es dialogar con Dios: orar. Sólo mediante la oración podrás encontrar lo que Dios quiere de ti. En la oración, el Espíritu Santo afina tu oído para que puedas escuchar: "Habla, que tu siervo escucha" (I S 3,10).

Sólo en el diálogo con Jesús podrás oír su voz que te llama: "ven y sígueme"(Lc 18,22); o bien, escucharás que te dice: "vuelve a tu casa y refiere lo que Dios ha hecho por ti" (Lc. 8,38).


2. PERCEPCIÓN:

"Pero había en mi corazón algo así como fuego ardiente, prendido en mis huesos y aunque yo hacía esfuerzos por ahogarlo, no podía" (Jr 20,9).

Para poder descubrir lo que Dios quiere de ti, tienes que aprender a escuchar, estar atento, experimentar. Para esto, necesitas saber hacer silencio en torno a ti y en tu interior. El ruido te impedirá percibir.

Está atento a todo, a tus deseos, a tus miedos, a tus inquietudes, a tus proyectos. Escucha a todos: a los que aprueban tu inquietud, a los que la critican. Dios se vale de diversos intermediarios para hacerte oír su voz. Escúchate a ti mismo: ¿A qué se inclina tu corazón ? ¿Qué es lo que anhelas? Aprende a mirar a los hombres que te rodean, ¿qué te está diciendo Dios a través de su pobreza, de su ignorancia, de su dolor, de su esperanza, de su necesidad de Dios... ? Escucha al Padre que, a través de la historia concreta de los hombres, te revela manera como quiere que colabores en la instauración del Reino.

Ve tu historia. ¿Por cuál camino te ha llevado Dios? ¿Cuáles son los acontecimientos más importantes de tu vida? ¿De qué manera Dios ha estado presente o ausente en tu vida? ¿Qué personas concretas han sido significativas para ti? ¿Por qué?

Contempla el futuro. ¿Qué experimentas al pensar en la posibilidad de consagrar tu vida a Dios? Tienes solo una vida, ¿a qué quieres dedicarla por completo?

Ten cuidado en discernir si tu inquietud y la atracción que sientes son signos de una verdadera vocación consagrada, o bien son manifestaciones de que Dios quiere que, como laico, intensifiques tu vida cristiana.

Solo si aprendes a escuchar, a mirar y a estar atento, podrás descubrir los signos de la llamada de Dios.

En este nivel podrás llegar a decir: "Tal vez Dios me esté llamando" ,"siento la inquietud de consagrar mi vida a Dios".


3. INFORMACIÓN:

"Observad cómo es el país y sus habitantes, si son fuertes o débiles, escasos o numerosos; cómo es la tierra, buena o mala; cómo son las ciudades que habitan, de tiendas o amuralladas; cómo es la tierra, fértil o estéril, con vegetación o sin ella" (Nm. 13, 18-20).

Los caminos para realizar la vocación consagrada son múltiples. No es suficiente querer entregar tu vida a Dios y desear dedicarte al servicio de tus hermanos. Es necesario saber dónde quiere Dios que tú lo sirvas. Tal vez quiere que lo sirvas como sacerdote diocesano, o como miembro de una congregación religiosa, etc.

Para descubrir el lugar en que Dios quiere que estés, es necesario que conozcas las diversas vocaciones. Debes saber cuál es la espiritualidad que viven los sacerdotes diocesanos o las diferentes congregaciones, y que veas por cuál de ellas te sientes atraído. También tienes que conocer cuál es su estilo as vida, es decir, la manera cómo viven en la práctica: No es lo mismo una congregación contemplativa, que una de vida apostólica. Asimismo, debes tener un conocimiento de su misión en la Iglesia, y por medio de cuales actividades apostólicas pretenden realizarla: misiones, enseñanza, hospitales, dirección espiritual, promoción vocacional, predicación de ejercicios, medios de comunicación, etc.

Debes saber también quienes son los principales destinatarios de su apostolado: jóvenes, sacerdotes, pobres, enfermos, niños, religiosos, etc.

Aunque ordinariamente cuando se siente la inquietud vocacional se siente también el atractivo por una vocación específica, bien vale la pena dedicar algunas horas a informarte más a fondo sobre esa vocación y otras. Y aunque al final te decidieras por la que en el principio te inclinabas, el tiempo empleado en informarte no habrá sido desperdiciado.

En este nivel podrás decir: "posiblemente Dios me está llamando a ingresar a esta congregación".


4. REFLEXIÓN:

"¿Quién de ustedes, queriendo edificar una torre, no se sienta primero a calcularlos gastos y ver si tiene para acabarla? No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo:" Este comenzó a edificar y no pudo terminar " (Lc 14, 28-30).

La vocación es una empresa demasiado grande; ¡y es para toda la vida! Por eso, no te puedes lanzar a ella sin antes haber reflexionado seriamente, y con la debida calma, sobre ti y sobre la vocación que pretendes seguir.

Debes reflexionar sobre cuáles son tus capacidades y limitaciones; serás capaz de ser fiel a los compromisos que implica la vocación; en qué signos concretos te basas para pensar que Dios te llama; que es lo que más temes de la vocación; cuáles son las razones en favor y en contra que tienes para emprender ese camino; qué es lo que te atrae de ese estado de vida, y qué es lo que te gusta de él.

Dios te pide que te comprometas responsablemente en el discernimiento de su voluntad. El quiere que tú pongas en juego tu inteligencia y tu capacidad de reflexión y juicio para que puedas encontrar tu vocación. El te da la luz de su Espíritu Santo para que descubras qué es lo que quiere de ti.

No debes pretender, ilusoriamente, tener en mano un contrato firmado por Dios, en el que revela su plan sobre ti, y de esa manera poseer la evidencia de su llamado. No; nunca se te dará tal documento. Lo que encontrarás serán signos que te indiquen cuál podría ser la voluntad de Dios; signos que deberás descifrar para así tener la certeza (más no la "evidencia") de su llamado.

En este nivel llegarás a decir; "creo que Dios me llama "; "creo que, con la ayuda de Dios, podré responder".


5. DECISIÓN:

"Te seguiré vayas donde vayas" (Lc 9, 57).

Una vez que vayas descubriendo qué es lo que Dios quiere de ti, no te queda sino dar el paso, decir "sí", decidirte a seguir a Jesús.

Tomar tal decisión es difícil. Ante la opción sentirás todos tus miedos, incertidumbres y limitaciones: "¡Ay, Señor mío! Mira que no sé hablar, que soy un muchacho" (Jr 1,7). Y sin embargo, a pesar de todas tus limitaciones, o mejor, con todas ellas, has de responder al Señor, como Isaías: "Aquí estoy, envíame" (Is 6,8); debes decidirte como María: "Aquí está la esclava del Señor, cúmplase en mí lo que has dicho" (Lc 1,38).

Llegar a tomar una decisión con la cual comprometerás toda tu vida, no sólo es difícil; es una gracia. Debes pedirle al Espíritu Santo esa capacidad de respuesta.

No afrontar la decisión equivale a dejar correr tu vida, desperdiciarla. Para iniciar el camino de la vocación, no esperes tener la evidencia de que Dios te llama; te debe bastar tener la certeza moral en su llamado.

Es necesario querer seguir radicalmente a Jesucristo: "Sí, quiero seguirte”. Tal vez tengas dudas si llegarás al final, si podrás con las exigencias, etc.; pero de lo que no puedes dudar es de tu decisión; debes estar seguro de lo que tú quieres.

En este nivel podrás decir: "quiero consagrar mi vida a Dios en el servicio de mis hermanos".


6. ACCIÓN:

"Jesús los llamó. Inmediatamente dejaron la barca y a su Padre lo siguieron" (Mt 4, 21-22).

Una vez decidido, ¡lánzate! No te dejes vencer por el miedo; lánzate con miedo.

La decisión se debe concretizar en la acción. Debes poner todos los medios que estén a tu alcance para realizar lo que has decidido. No cedas a la tentación de diferir el ingreso: "Te seguiré, Señor. Pero déjame primero... “(Lc 9, 59-61).

Con la decisión has comprometido todos los momentos posteriores; ahora se trata de buscar cómo ser fiel. La única manera de realizar el proyecto de Dios es la fidelidad de cada día. Tienes que vivir todo momento en coherencia con lo que has decidido; cada paso debe ir dirigido hacia la meta.

Y, ¿cuando venga la dificultad? Perseverar. El camino emprendido es difícil. Hay que estar dispuesto a todo, pasar por lo que sea, a enfrentar cualquier dificultad. Jesús no te ofrece otra cosa; "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame" (Lc 9,23). ¡Claro que el sendero es arduo y pesado!; pero tienes en ti la fuerza del Espíritu Santo, y María te acompaña e impulsa a recorrer el camino que Jesús ha trazado. Además, no se trata de cargar hoy la cruz de toda la vida, sino sólo la de hoy; y así cada día.

En este nivel deberás de decir, como Pedro: "nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido" (Mt 10,28).


7. DIRECCIÓN ESPIRITUAL:

"Levántate y vete a Damasco, allí se te dirá todo lo que está establecido que hagas" (Hch. 22,10).

En realidad, la dirección espiritual no es un paso más en el proceso de discernimiento de tu vocación; es un recurso que debe estar presente en cada uno de los pasos anteriores. El director espiritual te motivará a orar y estar abierto a percibir los signos de la voluntad de Dios; te indicará donde obtener la información y te ayudará a reflexionar. Te dejará sólo ante Dios para que libremente decidas tu vida. Te ayudará a que te prepares convenientemente para ingresar en la institución formativa. Su oración y sacrificio por ti te alcanzarán del Espíritu Santo la luz para que descubras tu vocación y la fuerza para seguirla. La Palabra de Dios dice: Para obtener un consejo "recurrí" siempre a un hombre piadoso, de quien sabes bien que guarda los mandamientos, cuya alma es como tu alma, y que si caes, sufrirá contigo" (1S. 37,12).

Si bien es cierto que la vocación es una llamada que Dios te hace, y que nadie puede escucharla por ti ni responder a ella en tu lugar también es cierto que tienes necesidad de un director espiritual que te acompañe en tu camino de discernimiento vocacional y confirme la autenticidad de tu llamado.

Es fácil hacerse ilusiones y creer que es llamada de Dios lo que en realidad es solo un deseo subjetivo. Acudir al director espiritual es un acto de humildad; es aceptar que no tienes el monopolio de la voluntad de Dios sobre ti; es aceptar la mediación de un hombre de Dios, representante de la Iglesia, para descubrir el plan que Dios tiene para ti.

Jesucristo, después de habérsele aparecido a Pablo en el camino de Damasco, le dijo que fuera con Ananías, que este le indicaría cuál era la voluntad de Dios. Cristo mismo hubiera podido decirle directamente a Pablo qué quería de él, sin embargo, quiso valerse de la mediación de Ananías para hacerle descubrir su vocación (Hch. 22, 10-15).

En el discernimiento de la voluntad de Dios sobre ti. No puedes prescindir de la mediación de la Iglesia.

Discernir lo que Dios quiere de ti, no es fácil, pero tampoco es algo imposible. Si con sinceridad y humildad te pones a buscar la voluntad de Dios, y realizas los pasos que aquí te sugiero creo que podrás encontrarlo.

Dios quiera revelarte su proyecto sobre ti. Es El, el más interesado en que tú descubras y realices tu vocación.

Ora, acude al director espiritual, percibe; infórmate, reflexiona, decídete, actúa.

martes, 27 de enero de 2015

Oración para suplicar la Gracia de custodiar la Castidad



Señor Jesucristo, esposo de mi alma, delicia de mi corazón, más bien corazón mío y alma mía, frente a ti me postro de rodillas, rogándote y suplicándote con todo mi fervor de concederme preservar la fe que me has dado de manera solemne. Por ello, Jesús dulcísimo, que yo rechace cada impiedad, que sea siempre extraño a los deseos carnales y a las concupiscencias terrenas, que combaten contra el alma y que, con tu ayuda, conserve íntegra la castidad.

¡Oh santísima e inmaculada Virgen María!, Virgen de las vírgenes y Madre nuestra amantísima, purifica cada día mi corazón y mi alma, pide por mí el temor del Señor y una particular desconfianza en mis propias fuerzas.

San José, custodio de la virginidad de María, custodia mi alma de cada pecado.
Todas ustedes Vírgenes santas, que siguen por doquier al Cordero divino, sean siempre presurosas con respecto a mí pecador para que no peque en pensamientos, palabras u obras y nunca me aleje del castísimo corazón de Jesús.  
Amén

jueves, 22 de enero de 2015

Oración por los sacerdotes escrita por el Cardenal Richard Cushing



Dios Todopoderoso y Eterno,
mira con amor el rostro de tu Hijo
y por amor a Él que es el Sumo y Eterno Sacerdote
ten misericordia de tus sacerdotes.

Acuérdate, oh compasivo Señor,
que ellos no son sino frágiles y débiles seres humanos.
Remueve en ellos el don de la vocación que de modo admirable se consolidó
por la imposición de las manos de tus Obispos.

Mantenlos siempre cerca de ti.
No permitas que el enemigo les venza,
para que nunca se hagan participes de la más mínima falta
contra el honor de tan sublime vocación.

Señor Jesús, te pido por tus fieles y fervorosos sacerdotes,
así como por los sacerdotes infieles y tibios;
por los sacerdotes que trabajan en su propia tierra,
o los que te sirven lejos, en lugares o misiones distantes;
por tus sacerdotes tentados;
por los que sienten la soledad el tedio o el cansancio;
por los sacerdotes jóvenes,
o por los que estén a punto de morir,
así como por las almas de sacerdotes en el purgatorio.

Pero, sobre todo, te encomiendo a los sacerdotes que más aprecio:
el sacerdote que me bautizó o me ha absuelto de mis pecados;
los sacerdotes a cuyas misas he asistido y me han dado Tu Cuerpo y Sangre en la Comunión;
los sacerdotes que me han aconsejado, me han consolado o animado
y aquellos a quienes de alguna forma les estoy más en deuda.

Oh, Jesús, mantenlos a todos cerca de tu Corazón
y bendícelos abundantemente en el tiempo y en la eternidad.

Amén.