
Por: Arquidiócesis de San Luis Potosí, México | Fuente: www.iglesiapotosina.org
Uno de los grandes retos al que cada joven debe hacer frente es el de encontrar
su lugar en la sociedad y en la Iglesia: Descubrir la propia vocación.
Los jóvenes sienten más que nunca el atractivo de la llamada "sociedad de
consumo", que los hace dependientes y prisioneros de una interpretación
individualista, materialista y hedonista de la existencia humana. De aquí el
rechazo de todo aquello que sepa a sacrificio y renuncia al esfuerzo de buscar
y vivir los valores espirituales y religiosos.
En este tema describiremos el proceso por medio del cual se puede llegar a
discernir el llamado de Dios; enumeraremos siete pasos que ayudarán a descubrir
el proyecto de Dios, para toda respuesta vocacional. Aunque nos referiremos
directamente a las vocaciones consagradas, estos 7 pasos son aplicables a la
elección de cualquier estado de vida.
1. ORACIÓN:
"¿Qué debo hacer, Señor?" (Hch 22,10).
La Vocación no es sólo lo que tú quieres ser y hacer, es ante todo lo que Dios
quiere que tú seas y hagas; no es algo que tú inventas, es algo que encuentras;
no es el proyecto que tú tienes sobre ti mismo, es el proyecto que Dios tiene
sobre ti y que tú debes realizar.
Por eso, para descubrir tu vocación, lo primero que debes hacer es dialogar con
Dios: orar. Sólo mediante la oración podrás encontrar lo que Dios quiere de ti.
En la oración, el Espíritu Santo afina tu oído para que puedas escuchar:
"Habla, que tu siervo escucha" (I S 3,10).
Sólo en el diálogo con Jesús podrás oír su voz que te llama: "ven y
sígueme"(Lc 18,22); o bien, escucharás que te dice: "vuelve a tu casa
y refiere lo que Dios ha hecho por ti" (Lc. 8,38).
2. PERCEPCIÓN:
"Pero había en mi corazón algo así como fuego ardiente, prendido en mis
huesos y aunque yo hacía esfuerzos por ahogarlo, no podía" (Jr 20,9).
Para poder descubrir lo que Dios quiere de ti, tienes que aprender a escuchar,
estar atento, experimentar. Para esto, necesitas saber hacer silencio en torno
a ti y en tu interior. El ruido te impedirá percibir.
Está atento a todo, a tus deseos, a tus miedos, a tus inquietudes, a tus
proyectos. Escucha a todos: a los que aprueban tu inquietud, a los que la
critican. Dios se vale de diversos intermediarios para hacerte oír su voz.
Escúchate a ti mismo: ¿A qué se inclina tu corazón ? ¿Qué es lo que anhelas?
Aprende a mirar a los hombres que te rodean, ¿qué te está diciendo Dios a
través de su pobreza, de su ignorancia, de su dolor, de su esperanza, de su
necesidad de Dios... ? Escucha al Padre que, a través de la historia concreta
de los hombres, te revela manera como quiere que colabores en la instauración
del Reino.
Ve tu historia. ¿Por cuál camino te ha llevado Dios? ¿Cuáles son los
acontecimientos más importantes de tu vida? ¿De qué manera Dios ha estado
presente o ausente en tu vida? ¿Qué personas concretas han sido significativas
para ti? ¿Por qué?
Contempla el futuro. ¿Qué experimentas al pensar en la posibilidad de consagrar
tu vida a Dios? Tienes solo una vida, ¿a qué quieres dedicarla por completo?
Ten cuidado en discernir si tu inquietud y la atracción que sientes son signos
de una verdadera vocación consagrada, o bien son manifestaciones de que Dios
quiere que, como laico, intensifiques tu vida cristiana.
Solo si aprendes a escuchar, a mirar y a estar atento, podrás descubrir los
signos de la llamada de Dios.
En este nivel podrás llegar a decir: "Tal vez Dios me esté llamando"
,"siento la inquietud de consagrar mi vida a Dios".
3. INFORMACIÓN:
"Observad cómo es el país y sus habitantes, si son fuertes o débiles,
escasos o numerosos; cómo es la tierra, buena o mala; cómo son las ciudades que
habitan, de tiendas o amuralladas; cómo es la tierra, fértil o estéril, con
vegetación o sin ella" (Nm. 13, 18-20).
Los caminos para realizar la vocación consagrada son múltiples. No es
suficiente querer entregar tu vida a Dios y desear dedicarte al servicio de tus
hermanos. Es necesario saber dónde quiere Dios que tú lo sirvas. Tal vez quiere
que lo sirvas como sacerdote diocesano, o como miembro de una congregación
religiosa, etc.
Para descubrir el lugar en que Dios quiere que estés, es necesario que conozcas
las diversas vocaciones. Debes saber cuál es la espiritualidad que viven los
sacerdotes diocesanos o las diferentes congregaciones, y que veas por cuál de
ellas te sientes atraído. También tienes que conocer cuál es su estilo as vida,
es decir, la manera cómo viven en la práctica: No es lo mismo una congregación
contemplativa, que una de vida apostólica. Asimismo, debes tener un
conocimiento de su misión en la Iglesia, y por medio de cuales actividades
apostólicas pretenden realizarla: misiones, enseñanza, hospitales, dirección
espiritual, promoción vocacional, predicación de ejercicios, medios de
comunicación, etc.
Debes saber también quienes son los principales destinatarios de su apostolado:
jóvenes, sacerdotes, pobres, enfermos, niños, religiosos, etc.
Aunque ordinariamente cuando se siente la inquietud vocacional se siente
también el atractivo por una vocación específica, bien vale la pena dedicar
algunas horas a informarte más a fondo sobre esa vocación y otras. Y aunque al
final te decidieras por la que en el principio te inclinabas, el tiempo
empleado en informarte no habrá sido desperdiciado.
En este nivel podrás decir: "posiblemente Dios me está llamando a ingresar
a esta congregación".
4. REFLEXIÓN:
"¿Quién de ustedes, queriendo edificar una torre, no se sienta primero a
calcularlos gastos y ver si tiene para acabarla? No sea que, habiendo puesto
los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a
burlarse de él, diciendo:" Este comenzó a edificar y no pudo terminar
" (Lc 14, 28-30).
La vocación es una empresa demasiado grande; ¡y es para toda la vida! Por eso,
no te puedes lanzar a ella sin antes haber reflexionado seriamente, y con la
debida calma, sobre ti y sobre la vocación que pretendes seguir.
Debes reflexionar sobre cuáles son tus capacidades y limitaciones; serás capaz
de ser fiel a los compromisos que implica la vocación; en qué signos concretos
te basas para pensar que Dios te llama; que es lo que más temes de la vocación;
cuáles son las razones en favor y en contra que tienes para emprender ese
camino; qué es lo que te atrae de ese estado de vida, y qué es lo que te gusta
de él.
Dios te pide que te comprometas responsablemente en el discernimiento de su
voluntad. El quiere que tú pongas en juego tu inteligencia y tu capacidad de
reflexión y juicio para que puedas encontrar tu vocación. El te da la luz de su
Espíritu Santo para que descubras qué es lo que quiere de ti.
No debes pretender, ilusoriamente, tener en mano un contrato firmado por Dios,
en el que revela su plan sobre ti, y de esa manera poseer la evidencia de su
llamado. No; nunca se te dará tal documento. Lo que encontrarás serán signos
que te indiquen cuál podría ser la voluntad de Dios; signos que deberás descifrar
para así tener la certeza (más no la "evidencia") de su llamado.
En este nivel llegarás a decir; "creo que Dios me llama "; "creo
que, con la ayuda de Dios, podré responder".
5. DECISIÓN:
"Te seguiré vayas donde vayas" (Lc 9, 57).
Una vez que vayas descubriendo qué es lo que Dios quiere de ti, no te queda
sino dar el paso, decir "sí", decidirte a seguir a Jesús.
Tomar tal decisión es difícil. Ante la opción sentirás todos tus miedos,
incertidumbres y limitaciones: "¡Ay, Señor mío! Mira que no sé hablar, que
soy un muchacho" (Jr 1,7). Y sin embargo, a pesar de todas tus
limitaciones, o mejor, con todas ellas, has de responder al Señor, como Isaías:
"Aquí estoy, envíame" (Is 6,8); debes decidirte como María:
"Aquí está la esclava del Señor, cúmplase en mí lo que has dicho" (Lc
1,38).
Llegar a tomar una decisión con la cual comprometerás toda tu vida, no sólo es
difícil; es una gracia. Debes pedirle al Espíritu Santo esa capacidad de
respuesta.
No afrontar la decisión equivale a dejar correr tu vida, desperdiciarla. Para
iniciar el camino de la vocación, no esperes tener la evidencia de que Dios te
llama; te debe bastar tener la certeza moral en su llamado.
Es necesario querer seguir radicalmente a Jesucristo: "Sí, quiero seguirte”.
Tal vez tengas dudas si llegarás al final, si podrás con las exigencias, etc.;
pero de lo que no puedes dudar es de tu decisión; debes estar seguro de lo que
tú quieres.
En este nivel podrás decir: "quiero consagrar mi vida a Dios en el
servicio de mis hermanos".
6. ACCIÓN:
"Jesús los llamó. Inmediatamente dejaron la barca y a su Padre lo
siguieron" (Mt 4, 21-22).
Una vez decidido, ¡lánzate! No te dejes vencer por el miedo; lánzate con miedo.
La decisión se debe concretizar en la acción. Debes poner todos los medios que
estén a tu alcance para realizar lo que has decidido. No cedas a la tentación
de diferir el ingreso: "Te seguiré, Señor. Pero déjame primero... “(Lc 9,
59-61).
Con la decisión has comprometido todos los momentos posteriores; ahora se trata
de buscar cómo ser fiel. La única manera de realizar el proyecto de Dios es la
fidelidad de cada día. Tienes que vivir todo momento en coherencia con lo que
has decidido; cada paso debe ir dirigido hacia la meta.
Y, ¿cuando venga la dificultad? Perseverar. El camino emprendido es difícil.
Hay que estar dispuesto a todo, pasar por lo que sea, a enfrentar cualquier
dificultad. Jesús no te ofrece otra cosa; "Si alguno quiere venir en pos
de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame" (Lc 9,23).
¡Claro que el sendero es arduo y pesado!; pero tienes en ti la fuerza del
Espíritu Santo, y María te acompaña e impulsa a recorrer el camino que Jesús ha
trazado. Además, no se trata de cargar hoy la cruz de toda la vida, sino sólo
la de hoy; y así cada día.
En este nivel deberás de decir, como Pedro: "nosotros lo hemos dejado todo
y te hemos seguido" (Mt 10,28).
7. DIRECCIÓN ESPIRITUAL:
"Levántate y vete a Damasco, allí se te dirá todo lo que está establecido
que hagas" (Hch. 22,10).
En realidad, la dirección espiritual no es un paso más en el proceso de
discernimiento de tu vocación; es un recurso que debe estar presente en cada
uno de los pasos anteriores. El director espiritual te motivará a orar y estar
abierto a percibir los signos de la voluntad de Dios; te indicará donde obtener
la información y te ayudará a reflexionar. Te dejará sólo ante Dios para que
libremente decidas tu vida. Te ayudará a que te prepares convenientemente para
ingresar en la institución formativa. Su oración y sacrificio por ti te
alcanzarán del Espíritu Santo la luz para que descubras tu vocación y la fuerza
para seguirla. La Palabra de Dios dice: Para obtener un consejo
"recurrí" siempre a un hombre piadoso, de quien sabes bien que guarda
los mandamientos, cuya alma es como tu alma, y que si caes, sufrirá
contigo" (1S. 37,12).
Si bien es cierto que la vocación es una llamada que Dios te hace, y que nadie
puede escucharla por ti ni responder a ella en tu lugar también es cierto que
tienes necesidad de un director espiritual que te acompañe en tu camino de
discernimiento vocacional y confirme la autenticidad de tu llamado.
Es fácil hacerse ilusiones y creer que es llamada de Dios lo que en realidad es
solo un deseo subjetivo. Acudir al director espiritual es un acto de humildad;
es aceptar que no tienes el monopolio de la voluntad de Dios sobre ti; es
aceptar la mediación de un hombre de Dios, representante de la Iglesia, para
descubrir el plan que Dios tiene para ti.
Jesucristo, después de habérsele aparecido a Pablo en el camino de Damasco, le
dijo que fuera con Ananías, que este le indicaría cuál era la voluntad de Dios.
Cristo mismo hubiera podido decirle directamente a Pablo qué quería de él, sin
embargo, quiso valerse de la mediación de Ananías para hacerle descubrir su
vocación (Hch. 22, 10-15).
En el discernimiento de la voluntad de Dios sobre ti. No puedes prescindir de
la mediación de la Iglesia.
Discernir lo que Dios quiere de ti, no es fácil, pero tampoco es algo
imposible. Si con sinceridad y humildad te pones a buscar la voluntad de Dios,
y realizas los pasos que aquí te sugiero creo que podrás encontrarlo.
Dios quiera revelarte su proyecto sobre ti. Es El, el más interesado en que tú
descubras y realices tu vocación.
Ora, acude al director espiritual, percibe; infórmate, reflexiona, decídete,
actúa.