miércoles, 16 de marzo de 2016

Vía Crucis en el Año Jubilar de la Misericordia




En el nombre del Padre y del hijo y del Espíritu Santo +. Amén.



Credo de los apóstoles:



Creo en Dios, Padre Todopoderoso,

Creador del cielo y de la tierra.



Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor,

que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,

nació de Santa María Virgen,

padeció bajo el poder de Poncio Pilato

fue crucificado, muerto y sepultado,

descendió a los infiernos,

al tercer día resucitó de entre los muertos,

subió a los cielos,

y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso.



Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.

Creo en el Espíritu Santo,

la santa Iglesia católica,

la comunión de los santos,

el perdón de los pecados,

la resurrección de la carne

y la vida eterna.

Amén.



Oración Inicial:



Padre misericordioso, concédenos vivir este Santo Vía crucis con fervor, con alegría y haz que nuestros corazones acojan tu Palabra llena de Amor para aprender de ti a ser misericordiosos con los demás sean nuestros familiares, amigos, compañero de trabajo, vecinos o sean conocidos o desconocidos.



María Santísima, que acompañaste a Jesús en este camino, enséñanos a tener sentimientos como los que tuviste en la Pasión de tu Hijo, para que aprendamos, a través del dolor y de la cruz, la ciencia del amor de Dios.  Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor. Amén.






1ª ESTACIÓN: JESÚS ES CONDENADO A MUERTE


Obra de Misericordia a meditar: Visitar a los encarcelados.

Te adoramos Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.



“Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Dijo Pilato a los judíos: ‘Aquí tienen a su rey’. Ellos gritaron: ‘¡Fuera, fuera! ¡Crucifícalo!’ Replicó Pilato: ‘¿A su rey voy a crucificar?’. Contestaron los sumos sacerdotes: ‘No tenemos más rey que el César’. Entonces se los entregó para que fuera crucificado”. (Jn 19,14-16)



Jesús es enjuiciado por las leyes del mundo y condenado a muerte de manera injusta, hoy en nuestros días seguimos haciendo juicio de las personas, de su actuar y su pensar; siendo muchas veces un juicio erróneo y prejuiciado por nuestro propio pecado. También emitimos esos pensamientos de condena contra nosotros mismos sin poder perdonarnos nuestros propios errores, esclavizándonos a una vida de pecado y de muerte; por no darle cavidad a la misericordia de Dios. Este año jubilar es un momento para ser misericordiosos con nosotros mismo y con los que viven a nuestro alrededor, evitando hacer juicios erróneos sino vivir la experiencia del perdón y una vida en el Amor de hermanos. De manera especial a los encarcelados, que si bien pueden haber cometido errores en su vida la misericordia de Dios es mayor y los perdona, salir de la comodidad de nuestras casas y nuestro día a día para visitar a ese Cristo que está en las cárceles abandonado y despreciado por la sociedad.



Enseñanza del Papa Francisco:



“Todos tenemos necesidad de ser purificados, de ser lavados. Todos, yo el primero. Todos somos buscados por este Maestro que nos quiere ayudar a reemprender el camino. A todos nos busca el Señor para darnos su mano. Es penoso constatar sistemas penitenciarios que no buscan curar las llagas, sanar las heridas, generar nuevas oportunidades. Es doloroso constatar cuando se cree que solo algunos tienen necesidad de ser lavados, purificados no asumiendo que su cansancio y su dolor, sus heridas, son también el cansancio, el dolor, las heridas, de toda una sociedad.” (Discurso a los presos del Instituto Correccional Curran-Fromhold de Filadelfia, en Estados Unidos, 27, Sep.  2015)



Oración:

Señor Jesús, te pedimos por todos los encarcelados en el mundo entero para que nos enseñes a ser misericordiosos con ellos y reconocer sus necesidades de comprensión y amor; también te pedimos por quienes son condenados a causa del Evangelio y por nosotros, que hemos recibido la fe, para que vivamos la libertad de ser hijos tuyos. Amén.



Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.

¡Señor, ten misericordia de nosotros! Porque hemos pecado contra Ti.







2ª ESTACIÓN: JESÚS CARGA LA CRUZ EN SUS HOMBROS


Obra de Misericordia a meditar: Enseñar al que no sabe.
Te adoramos Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.



“Tomaron pues a Jesús que, cargando con su cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario, que en hebreo se dice Gólgota” (Jn 19,17).



La disponibilidad de Jesús para cargar la cruz no elimina ciertamente la responsabilidad de sus verdugos, sin embargo, sí manifiesta la entrega total de la vida y el amor incondicional de Jesús por todos.  A ejemplo de Jesús cada día nosotros estamos llamados a llevar nuestra cruz y seguirle en el amor y la misericordia para con el prójimo.



En la vida siempre debemos reconocernos que todos los días hay algo nuevo que aprender, algo nuevo que Dios nos quiere enseñar por medio de las personas y las situaciones que nos rodean, es importante cuestionarnos ¿Soy dócil a las enseñanzas de Dios? ¿Soy capaz de despojarme de mis creencias y dejarme moldear por Dios?  Y en nuestra naturaleza de ser misioneros y el llamado de “No callar lo que hemos visto y oído” (Hech. 4, 20) ¿Somos capaces de enseñar a los demás lo que he aprendido? La invitación es que así como nosotros aprendemos seamos discípulos y misioneros enseñando a los demás las maravillas de la creación; pero no con jactancia ni arrogancia sino enseñar a los demás con el verdadero deseo de propagar la buena nueva y ayudarle en su situación a ser mejor persona e hijo de Dios.



Enseñanza del Papa Francisco:



“Un buen educador apunta a lo esencial. No se pierde en los detalles, sino que quiere transmitir lo que verdaderamente cuenta para que el hijo o el discípulo encuentren el sentido y la alegría de vivir. Es la verdad. Y lo esencial, según el Evangelio, es la misericordia. El cristiano necesariamente debe ser misericordioso, porque este es el centro del Evangelio. Y fiel a esta enseñanza, la Iglesia no puede más que repetir lo mismo a sus hijos: «Sed misericordiosos», como lo es el Padre, y como lo fue Jesús. Misericordia”.

(Catequesis del 10 de septiembre del 2014)



Oración:

Señor, te pedimos por lo que viven en la ignorancia de tu amor y tu misericordia, crea en todos nosotros un corazón de discípulos misioneros para que sepamos llevar con generosidad la enseñanza de tu Amor a todos los que nos rodean. Amen



Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.

¡Señor, ten misericordia de nosotros! Porque hemos pecado contra Ti.






3ª ESTACIÓN: “JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ”

Obra de Misericordia a meditar: Corregir al que se equivoca.

Te adoramos Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

“Llamando a la gente a la vez que a sus discípulos, les dijo: ‘Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará’. (Mc 8,34-35):



La cruz es pesada y hace que Jesús caiga por tierra; esta primera caída nos recuerda que se hizo uno de nosotros de manera tan real que experimentó hasta nuestras limitaciones, pero no nuestros extravíos y pecados (cf. Heb 4,15).

En la caída de Jesús con la cruz los seres humanos reconocemos nuestras limitaciones y, sobre todo, nuestros errores; a cada momento podemos cometer errores que nos tiran en tierra como a Jesús, los errores dañan nuestra vida y la de las personas que nos rodean y nadie estamos exentó de eso. Todos somos personas en construcción y por ello todos nos equivocamos, así mis errores pueden ser la cruz de otros que también los tira al suelo en este caminar de la vida, es por ello que debemos unos a otros corregirnos con paciencia y alegría. La fe no nos hace súper hombres o súper mujeres; la fe nos hace generosos a pesar de nuestras limitaciones gracias a ella; sólo el que se siente limitado puede ayudar; y gracias a que desde nuestras limitaciones, podemos amar, nos sentimos también necesitados de los demás.



Enseñanza del Papa Francisco:



“Todos tenemos la capacidad de pecar y de hacer lo mismo, de equivocarnos en la vida. El otro no es más malo que tú o que yo. La misericordia supera todo muro, toda barrera, y te conduce a buscar siempre el rostro del hombre, de la persona. Y es la misericordia la que cambia el corazón y la vida, que puede regenerar a una persona y permitirle incorporarse de un modo nuevo en la sociedad”.

(Catequesis del 10 de septiembre del 2014)



Oración:

Oh Padre, que has enviado a tu Hijo como Luz del mundo y Palabra de Verdad, suscita en los jóvenes el firme deseo de entregar su vida al servicio de la Iglesia y ser verdaderos testigos y anunciadores del Evangelio.



Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.

¡Señor, ten misericordia de nosotros! Porque hemos pecado contra Ti.






4ª ESTACIÓN: “Jesús encuentra a María, su Madre”


Obra de Misericordia a meditar: Dar posada al forastero.  
Te adoramos Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.




“Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: «Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos»”. (Mc 8,34-35):



En el camino de la cruz Jesús estuvo rodeado de muchas personas; con seguridad todas indiferentes, excepto una: su Madre. Y es que todo puede fallar menos el amor de la madre. María tenía el corazón herido pero siempre fuerte para amar. Así mismo en el caminar de la vida hay personas que pasan a nuestro lado y somos indiferentes ante ellas y su realidad, ante el que necesita una protección por que deambula por la calle como forastero, ante los niños y anciano que no tiene tienen un techo donde refugiarse, pero sobre todo no tienen un hogar que los acoja con amor. Nuestra actitud casi siempre es de desconfianza o de indiferencia, porque a mí no me corresponde hacerme cargo de ellos, olvidándonos que en esas personas también esta Dios.  Como cristianos debemos ser más misericordiosos y salir al encuentro del que necesita; María puede tener esta actitud porque interiorizó de tal manera su tarea discipular que oía la Palabra y la guardaba en su corazón, es decir, la interiorizaba de tal manera que vivía de acuerdo a ella.

(Lc 2,19).



El discípulo tiene misericordia, porque escucha la Palabra y la guarda, puede sentir dolor pero no claudicar; el discípulo verdadero puede sentir sangrar su corazón por la tristeza del que sufre sin un techo, sin un hogar pero no dejar de amar, sino más bien acoger a todos con corazón generoso.



Enseñanza del Papa Francisco:



“Acoger en casa al forastero o dar posada al peregrino, en la formulación de una de nuestras obras de misericordia, son una práctica que además de satisfacer una necesidad, dignifica y plenifica la vida de quienes lo practican. “El amor, después de todo, nunca podrá ser una palabra abstracta. Por su misma naturaleza es vida concreta: intenciones, actitudes, comportamientos que se verifican en el vivir cotidiano”.

(Jornada de ayuno y oración por la paz en Siria, 7 de septiembre de 2015)



Oración:

Padre –que reúnes a tu pueblo desde todas las naciones de la tierra– ayúdanos a que, como María, meditemos la Palabra en nuestro corazón y podamos anunciar a todos los hombres la experiencia que, merced a tu Espíritu, tenemos de Cristo.



Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.

¡Señor, ten misericordia de nosotros! Porque hemos pecado contra Ti.







5ª ESTACIÓN: “SIMÓN CIRINEO AYUDA A JESÚS A LLEVAR LA CRUZ”


Obra de Misericordia a meditar: Visitar al Enfermo.
Te adoramos Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.



“Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo, que volvía del campo y pasaba por allí, fue obligado a cargar con su cruz”. (Mc 15,21):



Qué tan real debió haber sido esta ayuda que algunos primeros cristianos recordaban a este buen hombre –como diríamos ahora– con nombre y apellidos. Nadie puede negar la realidad y evidencia del sufrimiento. Pero al mismo tiempo, nadie puede negar que es igualmente y hasta más real la existencia de personas que ayudan con la cruz a sus hermanos. La cruz de la enfermedad pueden ser muchas y múltiples enfermedades que pueden ser mentales, físicas, sociales, morales y espirituales.



Todos en la vida experimentamos alguna enfermedad o vivimos con la enfermedad de algún familiar o amigo cercano, que importante es reconocer que incluso en ese dolor mi enfermedad ofrecida a Dios puede ser redentora y decir junto a San Pablo: "Cumplo en mi carne lo que le falta a la pasión de Cristo" (Col 1,24). Nos desanima y hasta nos desespera el sufrimiento; sin embargo, debe ser más fuerte la esperanza y la certeza de que siempre habrá buenos cirineos en el camino; más aún la confianza de que siempre estamos en posibilidades de tener actitudes cirineas ante cualquier persona que sufre.



Hay muchos gestos en los que se percibe la fe, el amor y la misericordia de una persona. Pero ciertamente la cercanía y la ayuda al que sufre y sobre todo en la enfermedad es indiscutiblemente un signo de misericordia; que cada día el ejemplo del cireneo nos motive a ir siempre al encuentro del que sufre.



Enseñanza del Papa Francisco:



“Cada vez que se ayuda discretamente a quien sufre, o cuando se está enfermo, se tiene la ocasión de cargar sobre los propios hombros la cruz de cada día y de seguir al Maestro (cf. Lc 9,23); y aun cuando el encuentro con el sufrimiento sea siempre un misterio, Jesús nos ayuda a encontrarle sentido”.

(Mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial del Enfermo 2016)



Oración:

Padre de bondad, que quieres que todos los hombres se salven, te pedimos por todos los enfermos en el mundo entero para que encuentren consuelo y esperanza acompañándote en el dolor de cruz; danos a todos nosotros un corazón misionero y misericordioso para que como buenos Cirineos acompañemos a todos los que sufren en la enfermedad llevándoles tu amor.



Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.

¡Señor, ten misericordia de nosotros! Porque hemos pecado contra Ti.





6ª ESTACIÓN: “VERÓNICA ENJUGA EL ROSTRO DE JESÚS”


Obra de Misericordia a meditar: Dar de beber al sediento.
Te adoramos Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.



“Del mismo modo que muchos quedaron asombrados al verlo –pues tan desfigurado estaba que no parecía un hombre, ni su apariencia era humana-, así se admirarán muchas naciones; ante él cerrarán los reyes la boca, pues verán lo que nunca les contaron y descubrirán lo que nunca oyeron”. (Is 52, 14-15)



Los seres humanos siempre han querido ver a Dios; ha sido un deseo respaldado a veces por la curiosidad, pero casi siempre por la misma necesidad de darle sentido a la vida (Sal 27, 8-9). Ante este deseo honesto, Dios no se quedó callado y mostró su rostro en Jesús, el justo sufriente; así quedaba claro de una vez por todas que cada rostro, especialmente los rostros de quienes más sufren, son manifestación y presencia del Dios de Jesús.



Hoy muchos hombres sufren de sed en el mundo. Personas que no tienen al alcance alguna gota de agua con la que saciar su sed. Es verdad que se habla hoy en día también de la sed espiritual que muchos hombres llevan dentro, de la sed de sentido en la vida, pero esto no quita que se sufra también en varios lugares de nuestro planeta una fuerte sed física. El Papa Francisco, en la encíclica Laudato Si’ habla sobre cómo la violencia en el corazón del hombre se manifiesta en los síntomas de contaminación del agua y que afecta su disponibilidad. Dar de beber al sediento implica un trabajo a largo plazo para permitir que futuras generaciones tengan agua para vivir, pero también es una oportunidad para dar de beber a Cristo hoy en aquel hombre o mujer que tiene sed. Dar de beber al sediento es un servicio que está al alcance de todos, es una obra de misericordia que no solo saciará al sediento, sino que también saciará esa sed profunda que todos tenemos de felicidad en nuestro corazón. Porque es dando que se tiene vida, y el Padre que ve en lo secreto nos recompensará.



Enseñanza del Papa Francisco:



“Hoy existe una multitud de hombres y mujeres cansados y sedientos, que nos piden a los cristianos que les demos de beber. Es una petición a la que no podemos sustraernos. En la llamada a ser evangelizadores, todas las Iglesias y Comunidades eclesiales encuentran un ámbito fundamental para una colaboración más estrecha. Para llevar a cabo este cometido con eficacia, se ha de evitar cerrarse en los propios particularismos y exclusivismos, así como imponer uniformidad según los planes meramente humanos”

(Homilía domingo 25 de enero de 2015).



Oración:

Jesucristo, Señor nuestro, concédenos que todos los bautizados te encontremos y acojamos en el rostro sufriente de nuestros hermanos que tienen sed física y espiritual; ayúdanos a ser portadores de tu amor llevándoles tu amor que los saciará para siempre.  



Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.

¡Señor, ten misericordia de nosotros! Porque hemos pecado contra Ti.






7ª ESTACIÓN: “JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ”


Obra de Misericordia a meditar: Dar buen consejo al que lo necesita.
Te adoramos Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.



“Les decía: ‘El Hijo del Hombre será entregado en manos de los hombres; lo matarán, más a los tres días de haber muerto resucitará. Pero los discípulos, que no entendían sus palabras, tenían miedo de preguntarle”. (Mc 9, 31-32)



La segunda caída de Jesús con la cruz, manifiesta la fuerza secreta del amor solidario; como dice san Pablo: “Si Él no perdonó ni a su propio Hijo (antes bien lo entregó por todos nosotros) ¿cómo no va a darnos con él gratuitamente todas las cosas?” (Rom 8,32).



Esta segunda caída nos recuerda el sufrimiento insistente al que está expuesto cada ser humano; pero sobre todo nos revela la solidaridad permanente, profunda y generosa del ser humano por excelencia, Jesús. Esa esa misma solidaridad la que estamos invitados a experimentar en esta obra de misericordia; dar buen consejo al que lo necesita es sobre todo una actitud del corazón; es querer ayudar, consolar, estimular, fortalecer con un corazón bueno y magnánimo, buscando el auténtico bien de esa persona. De allí tiene que nacer el consejo; pues cuando nace del amor y del interés por el otro, será bien recibido y al mismo tiempo hará maravillas a la persona que busca una ayuda. Dar consejo, sobre todo, implica ser capaces de dar y eso no siempre es fácil. Aconsejar es echar mano de esta sabiduría vivida, haciéndolo con humildad y sencillez. Es ofrecer y no imponer, es compartir y no pontificar. Se trata, a fin de cuentas, de llevar a otros a tener la seguridad de que Dios está cerca y Él será su luz y fortaleza siempre. En la oscuridad y confusión de una tempestad sobre el mar, como en el brillo de un amanecer de paz y serenidad, Dios está presente.



Enseñanza del Papa Francisco:



“Nadie camina solo y nadie de nosotros puede pensar que está solo: está siempre este compañero. Cierto, sucede que cuando no queremos escuchar su consejo, escuchar su voz, le decimos: “¡Bah desaparece!”. Pero poner de patitas en la calle al compañero de camino es peligroso, porque ningún hombre, ninguna mujer puede aconsejarse a sí mismo: yo puedo aconsejar a otro, pero no aconsejarme a mí mismo”.

(Homilía jueves 2 de octubre de 2014)



Oración:

Señor Jesucristo, te pedimos por la Iglesia peregrina en el mundo, para que sepa llevar el buen consejo al que necesita y cada día no apoyemos unos a otros en la misericordia de tu amor, siendo un anuncio comprometido y solidario a favor de la vida la cual se obtiene sólo en Ti. Amen.



Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.

¡Señor, ten misericordia de nosotros! Porque hemos pecado contra Ti.







8ª ESTACIÓN: “JESÚS CONSUELA A LAS MUJERES DE JERUSALÉN”


Obra de Misericordia a meditar: Consolar al que esta triste.
Te adoramos Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.



“Le seguía una gran multitud del pueblo y mujeres que se dolían y se lamentaban por él. Jesús se volvió a ellas y les dijo: ‘Hijas de Jerusalén, no lloren por mí; lloren más bien por ustedes y por sus hijos”. (Lc 23,27-28)



La sabiduría de nuestras comunidades nos revela que el dolor compartido es dolor superado. Ante aquellas mujeres que se duelen y se lamentan, Jesús no se siente solo; comparten su dolor y eso está muy bien. Sin embargo, Jesús les recuerda que la compasión por el otro debe hacer que nuestra vista vaya más allá del dolor, la tristeza y salir al consuelo del otro. ¿Quiénes son los tristes y los que necesitan consuelo? Cada ser humano tenemos luchas, dificultades y tristezas. Atravesar por momentos tristes en la vida es parte de la existencia humana. Y es por ello que todo ser humano tiene necesidad de consuelo, sobre todo cuando se está atravesando por una especial dificultad; de modo que todos estamos llamados a ser al mismo tiempo consoladores y consolados. El buen cristiano debe llevar sus ganas de vivir y sus esperanzas a esta alma atormentada por la tristeza, para elevarla a Dios e infundirle nueva fortaleza para la lucha, que nunca termina mientras estamos en este mundo.



Tiene misericordia la persona que a la pasión le agrega compasión; la pasión provoca siempre sufrimiento, pero la compasión redime porque aproxima los corazones; y esto lo hace solamente Dios en nuestros corazones cuando nos acercamos al otro.



Enseñanza del Papa Francisco:



“Hoy necesitamos personas que sean testigos de la misericordia y de la ternura del Señor, que sacude los resignados, reanima los desalentados, enciende el fuego de la esperanza. Muchas situaciones requieren nuestro testimonio consolador. Pienso en aquellos que están oprimidos por el sufrimiento, la injusticia y el abuso de poder; a los que son esclavos del dinero, del poder, del éxito, de la mundanidad. Todos estamos llamados a consolar a nuestros hermanos, testimoniando que sólo Dios puede eliminar las causas de los dramas existenciales y espirituales”.

(Homilía 7 de diciembre del 2014)



Oración:

Señor Jesús, Buen Pastor que entregaste tu vida por nosotros tus ovejas, te pedimos por nuestros hermanos que sufren por las múltiples tristezas que hay en el mundo, para que no decaiga su fe en ti; y ayúdanos a nosotros para ser tus instrumentos de amor y misericordia en todo lugar anunciando tu alegría y paz al que lo necesita. Amen.



Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.

¡Señor, ten misericordia de nosotros! Porque hemos pecado contra Ti.







9ª ESTACIÓN: “JESÚS CAE POR TERCERA VEZ”


Obra de Misericordia a meditar: Sufrir con paciencia los defectos del otro.
Te adoramos Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.



“Más fue herido por nuestras faltas, molido por nuestras culpas. Soportó el castigo que nos regenera y fuimos curados con sus heridas”. (Is 53,5)



Y Jesús casi muerto por el dolor cae por tercera vez y queda manifiesta la grandeza de su amor solidario que no deja a nadie fuera del abrazo redentor del amor de su Padre. Este gesto solidario de Jesús venció el poder del pecado y dejó claro que su Dios –nuestro Dios- es el Dios de los que sufren. En las relaciones humanas una de las cosas que más cuesta es soportar o sobrellevar los defectos de nuestros prójimos. Esta obra de misericordia nos invita a tener paciencia y nos corrige cuando tenemos “atravesados” a aquellos que nos “caen mal”, o a quienes vemos con muchos defectos.



La paciencia es la virtud que nos lleva a soportar sin tristeza de espíritu ni abatimiento de corazón los padecimientos físicos y morales; nos ayuda a mirar a los demás con corazón amplio y, aun cuando veamos sus defectos, poner el empeño para soportarlos con un corazón misericordioso. Sufrir con paciencia los defectos de los demás es un camino seguro hacia la paz, la santidad y es fruto de la presencia del Espíritu de Dios. Se trata de formar en nosotros un corazón compasivo que no se indigna ante los defectos de los demás, sino que sabe soportar desde dentro y aguantar, porque es consciente de que todos somos débiles y de que nadie es perfecto. Un corazón así hace vida lo que San Pablo escribía en el himno a la caridad: «El amor es paciente, es bondadoso» (cf. 1 Co 13, 4).



Enseñanza del Papa Francisco:



“Este comportamiento, sentirse perfectos y por lo tanto capaces de juzgar los defectos de los demás, es contrario a la mansedumbre, a la humildad de la que habla el Señor, «a esa luz que es tan bella y que está en perdonar». Jesús usa una palabra fuerte: « hipócrita». Los que viven juzgando al prójimo, hablando mal del prójimo, son hipócritas. Porque no tienen la fuerza, la valentía de mirar los propios defectos”.

(Viernes 13 de septiembre de 2013)



Oración:

Padre Celestial, que envías a tu Unigénito para nuestra salvación, ponemos en tus manos nuestro corazón, para que día a día aumente en nuestro corazón la paciencia y la caridad para sobrellevar los defectos propios y los de los demás, creciendo en nosotros un corazón misionero, portador de tu amor, a ejemplo de Cristo tu Hijo. Amen.



Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.

¡Señor, ten misericordia de nosotros! Porque hemos pecado contra Ti.






10ª ESTACIÓN: “JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS”


Obra de Misericordia a meditar: vestir al desnudo.
Te adoramos Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.



“Lo crucificaron y se repartieron sus vestidos, echándolos a suertes, a ver qué se llevaba cada uno”. (Mc 15,24)



Jesús llega al calvario y es violentamente despojado de sus vestidos para ese momento pegados a sus llagas; desnudo es expuesto a la burla de los espectadores irreverentes. Este despojo de Jesús es comunión permanente con todos los que sufren otros tipos de despojo con los que estas desnudos. ¿Cuántas personas desnudas hay en el mundo? Muchas, hay miles de personas que no tienen ropa que ponerse mientras que muchos de nosotros incluso renegamos por lo que tenemos; hay que ser valientes y desprendidos como para imitar a Jesús y despojarnos de las cosas materiales, para practicar la pobreza y el desprendimiento, que es tan necesario para llegar a la santidad. Vestir al prójimo puede ser de múltiples maneras no solo con la ropa física, sino también el ponerle la vestidura del honor, del respeto, de la protección. Siempre estamos llamados a que cubrir la desnudez del prójimo con el manto de la caridad. Todos los bautizamos debemos reconocer y hacer propio el despojo de Jesús en la cruz y dar desde nuestra realidad la vestimenta que el otro necesita.



Enseñanza del Papa Francisco:



“Hoy, aquí, pidamos la gracia para todos los cristianos. Que el Señor nos dé a todos nosotros el valor de despojarnos, pero no de 20 dólares; despojarnos de lo mundano, que es la lepra, es el cáncer de la sociedad. ¡Es el cáncer de la revelación de Dios! ¡El espíritu del mundo es el enemigo de Jesús! Pido al Señor que, a todos nosotros, nos dé esta gracia de despojarnos”. (Encuentro con los pobres asistidos por Cáritas, viernes 4 de octubre de 2013)



Oración:

Jesucristo, Cordero inmolado por la humanidad, te rogamos por todas las personas que sufren por la desnudez, el despojo de sus cosas, para que aun en la necesidad física recuerden que te tienen a ti como protector, dales un corazón abierto a recibir tu Palabra que vivifica, dignifica, libera y da sentido a la vida del ser humano. Amen.



Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.

¡Señor, ten misericordia de nosotros! Porque hemos pecado contra Ti.








11ª ESTACIÓN: “JESÚS ES CLAVADO EN LA CRUZ”


Obra de Misericordia a meditar: Dar de comer al hambriento.
Te adoramos Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.



“Llegados al lugar llamado Calvario, lo crucificaron allí junto con los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda”. (Lc 23,33)



La crucifixión es señal del pecado de los hombres no del amor de Dios; en la cruz se evidencia los grados más altos de maldad que puede alcanzar el ser humano. Sin embargo, es aquí donde se ha dado también la más grande muestra del amor. Ciertamente Dios no estaba de acuerdo con los verdugos que mataban a su Hijo; pero sí estaba de acuerdo con él en su entrega de la vida y fidelidad hasta el extremo. Hoy el mundo sigue matando a Cristo reflejado en los niños, adultos y ancianos que diariamente muren a causa de la pobreza y el hambre que en muchos lugares persiste, y amenaza con acentuarse, la extrema inseguridad de vida a causa de la falta de alimentación: el hambre causa todavía muchas víctimas entre tantos Lázaros a los que no se les consiente sentarse a la mesa del rico epulón (cfr. Lc 16,19-31) … En esta perspectiva, dar de comer a los hambrientos (cfr. Mt 25,35.37.42) se convierte en un imperativo ético para la Iglesia universal, que responde a las enseñanzas de nuestro Señor Jesús, sobre la solidaridad y el compartir. No seamos indiferentes frente al hambre del prójimo mas bien pidámosle a Dios la gracia de compartir con el que necesita.



Los cristianos misioneros tenemos la responsabilidad de entregar la vida en fidelidad, por los principios y valores del Reino del Dios de Jesús, para que haya menos cruces del hambre en el mundo, menos crucificados.



Enseñanza del Papa Francisco:



“Pido al Todopoderoso, al Dios rico en misericordia, que bendiga a todos los que, con diferentes responsabilidades, se ponen al servicio de los que pasan hambre y saben atenderlos con gestos concretos de cercanía. Ruego también para que la comunidad internacional sepa escuchar el llamado de esta Conferencia y lo considere una expresión de la común conciencia de la humanidad: dar de comer a los hambrientos para salvar la vida en el planeta. Gracias”

(Segunda Conferencia Internacional sobre Nutrición, 20 de noviembre del 2014)



Oración:

Señor, te pedimos por la humanidad redimida por tu Hijo, que camina clavada en una cultura de muerte, para que concorde con lo que has impreso en su naturaleza, se comprometa con responsabilidad a vivir en plenitud. Amen.



Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.

¡Señor, ten misericordia de nosotros! Porque hemos pecado contra Ti.







12ª ESTACIÓN: “JESÚS MUERE EN LA CRUZ”


Obra de Misericordia a meditar: Perdonar al que nos ofende.
Te adoramos Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.



“Llegada la hora sexta, la oscuridad cubrió toda la tierra hasta la hora nona. A la hora nona gritó Jesús con fuerte voz: ‘Eloí, Eloí, ¿lemá sabactaní?’, que quiere decir: ‘¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?’ … Entonces el velo del Santuario se rasgó en dos, de arriba abajo. El centurión, que estaba frente a él, al ver que había expirado de aquella manera, dijo: ‘verdaderamente este hombre era hijo de Dios”. (Mc 15,33-34.38-39)



Jesús quiso morir en la cruz por perdonar nuestros pecados, por solidaridad y amor; experimentó la muerte, el drama más profundo del ser humano, precisamente para darle sentido a la vida. Necesito que me pida perdón! ¡Yo a este no lo perdono! ¿Perdonar? parece que esto es algo que no resulta fácil, en especial cuando las heridas son profundas y más aún, cuando el que ofende, no muestra arrepentimiento o revela una soberbia. Pero ante todo parece que lo que más necesitamos, es que se haga justicia, y lo mas grave, es cuando nos tienta la venganza, y a toda costa queremos una reparación del mal causado. 



¿Y donde queda la misericordia? Decimos con gran alegría que Dios es rico en misericordia, además que es infinita, pero y la nuestra, ¿Hasta dónde llega? Si miramos la cruz, resonarán la enseñanzas de Jesucristo, Nuestro Señor, el antes de expirar, implora perdón para sus verdugos. Él perdona todas nuestras culpas y cura todas nuestras dolencias; no acusa de manera inapelable ni guarda rencor eternamente; no nos trata según nuestros pecados ni nos paga conforme a nuestras culpas. Quien dice Yo perdono… pero no olvido, da a entender que perdona sólo de palabra, pero en su interior guarda rencores. Esa persona, en lugar de ser libre, encadena voluntariamente su corazón en el pilar del odio. La obra de misericordia "Perdonar al que nos ofende" se trata de no dejar contaminar nuestro corazón con rencores dañinos y de volar libres con las alas del amor. ¿Si Dios que es todo poderoso nos perdona todo? ¿Quiénes somos nosotros para no perdonar al prójimo?



Enseñanza del Papa Francisco:



“Ante todo, «pedir perdón no es un simple pedir disculpas» sino que «es ser consciente del pecado, de la idolatría que construí, de las muchas idolatrías»; en segundo lugar, «Dios siempre perdona, siempre», pero pide que también yo perdone, porque «si yo no perdono», en cierto sentido es como si cerrase «la puerta al perdón de Dios». Una puerta, en cambio, que debemos mantener abierta: dejemos entrar el perdón de Dios a fin de que podamos perdonar a los demás”. (Homilía del 10 de marzo del 2015)



Oración: Señor Jesucristo, haz que seamos muchos los que tengamos un amor tan grande como el tuyo, dispuestos a entregar el perdón y la propia vida por los hermanos en el mundo entero y por el anuncio del Evangelio de salvación.



Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.

¡Señor, ten misericordia de nosotros! Porque hemos pecado contra Ti.






13ª ESTACIÓN: “JESÚS ES BAJADO DE LA CRUZ”


Obra de Misericordia a meditar: Orar por los vivos y los difuntos.
Te adoramos Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.



“Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, aunque en secreto por miedo a los judíos, pidió a Pilato autorización para retirar el cuerpo de Jesús. Pilato se lo concedió. Fueron, pues, y retiraron su cuerpo”. (Jn 19,38):



Todas las muertes duelen; es más todas las muertes hunden en la desesperanza y el caos. Sin embargo, con la muerte de Jesús –el Mártir por excelencia– la vida y la esperanza reviven en el corazón de la humanidad. En la muerte de Jesús y la aparente debilidad de aquel cuerpo que es bajado de la cruz está la simiente vida de otros que a ejemplo de él– trabajarán generosamente para que el Reino de Dios rinda sus frutos. La vida y la muerte son dos sucesos que todo ser humano experimentaremos, el pedir a Dios por las necesidades de todos los que aún tenemos vida y por el alma de los fieles difuntos es una de la obras de misericordia espirituales que ayudan a sobrellevar las necesidades que tenemos.



Orar no debe ser por una rutina sino por amor. Cuando oramos por alguien nos solidarizamos con él, se pone en práctica el amarlo como a uno mismo. No oramos para ablandar el corazón de Dios, sino para agrandar el nuestro. Orar es llenar nuestro corazón de nombres. Oramos por los demás te hace bien a ti mismo, porque te ayuda a amar y te compromete para hacer realidad, en la medida de tus fuerzas, aquello que pides. Nosotros no somos inmunes al dolor y al sufrimiento; deberíamos ser inmunes a la desesperanza y a la pérdida del sentido de la existencia; la persona de fe y misericordia ve en la muerte de Jesús la simiente del compromiso y la responsabilidad de entregar la vida hasta el extremo a la causa del Reino.



Enseñanza del Papa Francisco:



“También nosotros, cuando no rezamos, lo que hacemos es cerrar la puerta al Señor. Y no rezar es esto: cerrar la puerta al Señor, para que no pueda hacer nada. En cambio, la oración, ante un problema, una situación difícil, una calamidad, es abrir la puerta al Señor para que venga. Porque Él hace nuevas las cosas, sabe arreglar las cosas, ponerlas en su sitio. Rezar es esto, abrir la puerta al Señor para que pueda hacer algo”.

(Homilía 8 de octubre del 2013)



Oración:

Señor Jesús, que moriste en la Cruz por amor a los hombres, te pedimos por aquellos que han consagrado su vida a tu servicio, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos, para que, a pesar del dolor y el sufrimiento, puedan proclamar tu mensaje de esperanza a quienes lo necesiten.



Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.

¡Señor, ten misericordia de nosotros! Porque hemos pecado contra Ti.






14ª ESTACIÓN: “JESÚS ES DEPOSITADO EN EL SANTO SEPULCRO”


Obra de Misericordia a meditar: Enterrar a los muertos.
Te adoramos Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.



“Fue también Nicodemo –aquel que anteriormente había ido a verle de noche-. Con una mezcla de mirra y áloe de unas cien libras. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzos con los aromas, conforme a la costumbre judía de sepultar. En el lugar donde Jesús había sido crucificado había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el que nadie todavía había sido depositado. Allí, pues, pusieron a Jesús, porque era el día de la Preparación de los judíos y el sepulcro estaba cerca”. (Jn 19,39-42)



Y Dios envió a su Hijo al mundo, hasta el corazón de la tierra penetrando hasta la última soledad. La tierra fue por un momento un inmenso tabernáculo que guardó el tesoro más grande, al Hijo de Dios. Y a partir del depósito del cuerpo de Jesús en el sepulcro ningún sepulcro es ya lugar de la muerte y desesperanza; en cada sepulcro se nos recuerda que la muerte es una pérdida aparente; la muerte no es el fin de la vida, sino el comienzo –aunque doloroso– de su plenitud.



Los cristianos vemos de otro modo la muerte porque percibimos de manera plena la vida. La obra de sepultar a los difuntos es un evento que manifiesta con lucidez el sentido profundo de la muerte. Cristo se enfrenta con la “vieja enemiga” del género humano y triunfa sobre ella. La muerte retrocede ante Aquél que es «la resurrección y la vida» (Jn 11,25). A partir del gran acontecimiento de la Resurrección la relación entre los hombres y la muerte cambió. Quien cree en Cristo no tiene que temer a la muerte porque aunque muera vivirá (cf. Ibid). Esa es la ganancia que nos ofrece la fe.



Enseñanza del Papa Francisco:



“Entre ayer y hoy muchos visitan el cementerio, que, como dice esta misma palabra, es el «lugar del descanso» en espera del despertar final. Es hermoso pensar que será Jesús mismo quien nos despierte. Jesús mismo reveló que la muerte del cuerpo es como un sueño del cual Él nos despierta. Hoy estamos llamados a recordar a todos, incluso a aquellos a quien nadie recuerda. El recuerdo de los difuntos, el cuidado de los sepulcros y los sufragios son testimonios de confiada esperanza, arraigada en la certeza de que la muerte no es la última palabra sobre la suerte humana, puesto que el hombre está destinado a una vida sin límites, cuya raíz y realización están en Dios”. (Ángelus 2 de nov. 2014)



Oración:

Oh buen Jesús, que durante toda tu vida te compadeciste de los dolores ajenos, mira con misericordia las almas de nuestros seres queridos difuntos, escucha la súplica que te hacemos, y por tu misericordia concédeles gozar del eterno descanso en el seno de tu infinito amor. Amén



Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.

¡Señor, ten misericordia de nosotros! Porque hemos pecado contra Ti.






15ª ESTACIÓN: “JESÚS RESUCITÓ A LA VIDA PLENA”


Obra de Misericordia a meditar: La Misericordia Absoluta de Dios.
Te adoramos Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.



“Y si Cristo no resucitó, su fe es vana: siguen en sus pecados… Si nuestra esperanza en Cristo se limita sólo a esta vida, ¡Somos las personas más dignas de compasión! ¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos como primicia de los que murieron”. (1Cor 15,17. 19-20):



La resurrección de Jesús es mucho más que la vuelta a la vida de quien ha muerto; es la planificación total de la vida humana en Dios. El que había muerto es ahora el Viviente; aquel que había sido derrotado ahora es el Triunfante. En la resurrección, Dios ha mostrado que puede transformar lo antiguo, en nuevo; la derrota, en victoria; y la muerte, en vida. Los misioneros esclarecemos el sentido nuestra existencia desde la resurrección; interpretando la obscuridad de la muerte desde el gozo de la vida y la esperanza de la resurrección. Con la resurrección de Jesús estamos llamados a contemplar la misericordia absoluta de Dios por toda la humanidad entregándonos a su hijo por amor cada uno de nosotros, y en este año jubilar de la misericordia estamos llamados a cada día ser misericordiosos con todo el que nos rodea como el Padre lo es con nosotros.



Enseñanza del Papa Francisco:



“Siempre tenemos necesidad de contemplar el misterio de la misericordia. Es fuente de alegría, de serenidad y de paz. Es condición para nuestra salvación. Misericordia: es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad. Misericordia: es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro. Misericordia: es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida. Misericordia: es la vía que une Dios y el hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados para siempre no obstante el límite de nuestro pecado.”

(Bula Misericordiae Vultus #2).



Oración: 
Oh, Padre de Amor, te pedimos, por intercesión de los santos y mártires misioneros, que, como ellos, nos ayudes a ser testigos del Resucitado hasta los confines de la tierra, llevando la buena nueva de la Vida.


Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.

¡Señor, ten misericordia de nosotros! Porque hemos pecado contra Ti.



Se termina rezando un Padrenuestro, Avemaría y Gloria por las intenciones de nuestro Sumo Pontífice.





Oración Final:



Señor Jesucristo, Tú que derramaste tu sangre para lavar los pecados de todos los hombres, haz que ninguno de ellos quede sin recibir los beneficios de la redención. Infunde en el corazón de todos los bautizados el deseo de propagar la fe. Cultiva en el corazón de los jóvenes el sublime ideal de entregarse al servicio del prójimo. Sostén el ánimo de aquellos que, abandonándolo todo, cumplen tu mandato de ir por el mundo anunciando la Buena Nueva. Crea en mí un corazón misericordioso.

Amén.