lunes, 6 de julio de 2015

Oraciones para antes de la Misa



Oh Madre de piedad y de misericordia, Santísima Virgen María, yo miserable e indigno pecador en ti confío con todo mi corazón y mi afecto; acudo a tu piedad para que, así como estuviste junto a tu dulcísimo Hijo, clavado en la cruz, también te dignes estar con clemencia junto a mí, miserable pecador, y junto a todos los sacerdotes que aquí y en toda la santa Iglesia van a celebrar hoy, para que, ayudados con tu gracia, ofrezcamos una hostia digna y aceptable en la presencia de la suma y única Trinidad. Amén.



Oración a la Virgen María para antes de la Santa Misa

Madre mía, ayúdame a estar en la Misa con los mismos sentimientos que tuviste Tú al pie de la Cruz. Enséñame a querer a tu Hijo, y a participar en tan sagrados misterios con dignidad, piedad y devoción. ¡Ángel Custodio, que no me distraiga!

Oración a San José antes de la Misa

¡Oh feliz varón, bienaventurado José, a quien le fue concedido no sólo ver y oír al Dios, a quien muchos reyes quisieron ver y no vieron, oír y no oyeron, sino también abrazarlo, besarlo, vestirlo y custodiarlo!

V/. Ruega por nosotros, bienaventurado José.
R/. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo.

Oración: Oh Dios, que nos concediste el sacerdocio real; te pedimos que, así como san José mereció tratar y llevar en sus brazos con cariño a tu Hijo Unigénito, nacido de la Virgen María, hagas que nosotros te sirvamos con corazón limpio y buenas obras, de modo que hoy recibamos dignamente el sacrosanto Cuerpo y Sangre de tu Hijo, y en la vida futura merezcamos alcanzar el premio eterno. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.



Oración de San Ambrosio antes de la Misa

¡Oh mi piadoso Señor Jesucristo! Yo pecador, sin presumir de mis méritos, sino confiando en tu bondad y misericordia, temo y vacilo al acercarme a la mesa de tu dulcísimo convite, pues tengo el cuerpo y el alma manchados por muchos pecados, y no he guardado con prudencia mis pensamientos y mi lengua.

Por eso, oh Dios bondadoso, oh tremenda Majestad, yo, que soy un miserable lleno de angustias, acudo a ti, fuente de misericordia; a ti voy para que me sanes, bajo tu protección me pongo, y confío tener como salvador a quien no me atrevería a mirar como juez. A ti, Señor, muestro mis heridas y presento mis flaquezas. Sé que mis pecados son muchos y grandes, y me causan temor, más espero en tu infinita misericordia.

Oh Señor Jesucristo, Rey eterno, Dios y hombre, clavado en la cruz por los hombres: mírame con tus ojos misericordiosos, oye a quien en Ti espera; Tú que eres fuente inagotable de perdón, ten piedad de mis miserias y pecados.

Salve, víctima de salvación inmolada por mí y por todos los hombres en el patíbulo de la cruz. Salve, noble y preciosa Sangre, que sales de las llagas de mi Señor Jesucristo crucificado y lavas los pecados de todo el mundo. Acuérdate, Señor, de esta criatura tuya, redimida por tu sangre.
Me arrepiento de haber pecado y deseo enmendar mis errores. Aleja de mí, Padre Clementísimo, todas mis iniquidades y pecados, para que, limpio de alma y cuerpo, sea digno de saborear al Santo de los santos.

Concédeme que esta santa comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre, que indigno me atrevo a recibir, sea el perdón de mis pecados, la perfecta purificación de mis delitos, aleje mis malos pensamientos y regenere mis buenos afectos; conceda eficacia salvadora a las obras que a Ti te agradan; y, finalmente, sea la firmísima defensa de mi cuerpo y de mi alma contra las asechanzas de mis enemigos. Amén.



Oraciones de San Ambrosio antes de la Misa, para cada día de la semana:


Rey de las vírgenes, que amas la castidad y la integridad, extingue en mi cuerpo el incendio de la impureza con la bendición del rocío celestial, para que permanezca en mí la limpieza del cuerpo y del alma.

Apaga en los miembros de mi carne los estímulos de las conmociones libidinosas, y dame la verdadera y perpetua castidad, junto con tus otros dones: para que sea digno de participar en este sacrificio de alabanza con un cuerpo casto y un corazón limpio.

¡Con cuanta contrición interior, lágrimas, reverencia y temor, con cuánta castidad de cuerpo y pureza de alma, debe ser ofrecido este sacrificio, en el que tu Carne verdaderamente se come, tu Sangre verdaderamente se bebe, en el que se juntan el cielo y la tierra, donde están presentes los ángeles, donde Tú admirable e inefablemente eres sacerdote de tu mismo sacrificio!
Martes

¿Quién podría [celebrar] [participar] dignamente en este sacrificio, si Tú, Señor Dios Omnipotente, no lo hicieras digno?

Sé, Señor, y lo sé con certeza, y lo confieso ante tu misericordia, que no soy digno de acercarme a tan gran misterio, porque son muchos mis pecados e incontables mis negligencias. Pero sé, y lo creo verdaderamente con todo mi corazón, y lo confieso con mis labios, que Tú puedes hacerme digno, ya que puedes hacer limpio lo que precede de semilla inmunda, y hacer de los pecadores justos y santos.

Por este tu infinito poder, te ruego, Dios mío, que me concedas a mí pecador, [celebrar],  [participar en] este sacrificio con temor y temblor, con pureza de corazón y alma contrita, con alegría espiritual y gozo del cielo. Haz que mi mente sienta la dulzura de tu beatísima presencia, y que el coro de tus ángeles permanezca a mi alrededor.

Miércoles

Yo, Señor, trayendo a mi memoria tu Sagrada Pasión, me acerco a tu altar, y, aunque pecador, quiero ofrecerte el sacrificio que Tú instituiste, y que mandaste que fuera ofrecido, en tu recuerdo, para nuestra salvación. Te pido, altísimo Dios, que lo recibas, por tu Iglesia Santa y por el pueblo que rescataste con tu Sangre.

Y aunque no posea yo el testimonio de mis buenas obras, te ofrezco a Ti, Dios Padre todopoderoso, la Víctima siempre grata a tu presencia. Te la ofrezco, Dios mío, para que mires benigno los sufrimientos de los hombres, las necesidades de los pueblos, los gemidos de los cautivos, las miserias de los huérfanos, las aflicciones de los peregrinos, la inopia de los débiles, los dolores de los enfermos, las molestias de los ancianos, los votos de las vírgenes y los lamentos de las viudas. Así sea.

Jueves

Tú, Señor, que eres compasivo y nunca desprecias nada de lo que creaste, acuérdate de la pobreza de nuestra condición, y ya que Tú eres nuestro Padre, que eres nuestro Dios, no te aíres con nosotros, antes bien, apaga la multitud de tus enojos.

Nos postramos en tu presencia, atendiendo no a nuestros méritos, sino a tu gran misericordia. Arranca de nosotros las iniquidades, y enciende en nuestro interior el fuego de tu Espíritu Santo. Quita de nuestro pecho el corazón de piedra, y danos un corazón de carne, que te ame, te anhele, te desee, te siga y te goce.

Imploramos, Señor, tu clemencia: muestra tu rostro sereno sobre tu familia que hoy te ofrece este sacrificio, para que así ningún deseo sea vano, ninguna petición desoída, y con tu misma plegaria, recibe propicio nuestros deseos, para que tengan su cumplimiento. Amén.

Viernes

Te ruego, Señor, Padre santo, por el alma de todos los fieles difuntos, y haz que este sacrificio sea para ellos motivo de salvación, salud, gozo y refrigerio.

Señor, Dios mío, haz que hoy alcance el pleno alimento de Ti, pan vivo, que descendiste del cielo para la vida del mundo, de tu Carne santa y bendita, Cordero inmaculado, tomada del vientre santo y glorioso de la bienaventurada Virgen María, concebido por el Espíritu Santo; de esa Carne que, abierta por la lanza del soldado, brotó una fuente de piedad: para que, las almas de los difuntos, restablecidas y sanadas, alentadas y consoladas, se alegren en la alabanza de tu gloria.

Imploro, Señor, tu misericordia, para que sobre este pan que será sacrificado, descienda la plenitud de tus bendiciones y la santificación de tu divinidad. Haz que descienda también, Señor, sobre este sacrificio, la invisible e incomparable majestad de tu Santo Espíritu, como descendía sobre los sacrificios de nuestros padres, para que ofrezca la oblación de tu Cuerpo y de tu Sangre.
Y a mí, indigno [sacerdote] [siervo] tuyo, enséñame a tratar este misterio con corazón limpio y lágrimas de devoción, con reverencia y temor, y así recibas con beneplácito el sacrificio que se ofrece por la salvación de vivos y difuntos.

Sábado

Te ruego, Señor, por el sacrosanto misterio de tu Cuerpo y de tu Sangre, que sea yo diariamente apacentado y alimentado, purificado y santificado, y consiga así ser hecho partícipe de la una y suma divinidad.

Dame tus santas inspiraciones con las que, colmada mi alma, me acerque a tu altar, y así sea para mí este sacramento celestial salud y vida. Tus mismos labios dijeron: “El pan que Yo os daré es mi Carne, para la vida del mundo. Yo soy el pan vivo, que ha bajado del cielo. El que coma de este pan, vivirá para siempre”. Pan dulcísimo, ablanda la dureza de mi corazón para que sienta la suavidad de tu amor. Sánalo de toda enfermedad, y que no busque otra dulzura fuera de Ti. Pan suavísimo, que tiene en sí todo deleite y todo sabor, que siempre nos sacia y nunca nos defrauda: quiero que mi corazón te reciba y todo mi ser se llene de tu dulce sabor. Te recibe el ángel con pleno deseo, te recibe el hombre peregrino para no desfallecer.

Pan Santo, Pan vivo, Pan Inmaculado, que descendiste del cielo y das la vida al mundo, ven a mi corazón, y límpialo de toda mancha de la carne y del espíritu. Entra en mi alma, sana y limpia mi exterior y mi interior. Sé mi alimento y la salud de mi alma y de mi cuerpo. Repele los ataques de mis enemigos, para que llegue hasta Ti por un camino recto, donde, no en imágenes –como en el tiempo presente- sino cara a cara, te contemplemos, con tu Dios y Padre, con quien eres Dios de todo y de todos. Ahora, pues, sáciame con tu maravillosa abundancia para que nunca desfallezca. Tú, que con el mismo Dios Padre y el Espíritu Santo vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Domingo

Sacerdote Sumo y Pontífice verdadero, Jesucristo, que te ofreciste al Padre en oblación pura e inmaculada en el altar de la Cruz por nosotros miserables pecadores, y que nos diste tu Carne como alimento y tu Sangre como bebida, y que pusiste este misterio bajo el poder del Espíritu Santo diciendo: “Cuantas veces hagáis esto, hacedlo en memoria mía”: te ruego, por esta admirable e inefable caridad, que a nosotros miserables, a quienes te has dignado amar, laves nuestros pecados en tu Sangre.

[A mí, tu indigno siervo, al que, además de otros dones, llamaste al oficio de sacerdote, sin ningún mérito de mi parte, sino sólo por tu misericordia], enséñame a tratar este misterio con el honor y reverencia, devoción y temor que se requiere y conviene. Haz que por tu gracia, en este santo misterio, siempre crea y confiese, sienta y afirme, diga y piense, lo que a Ti te agrada y a mi alma aprovecha. Entren los dones de tu Espíritu Santo en mi corazón, que exprese lo que Él señala, pues sin ruido de palabras comunica toda la verdad.

Por tu gran misericordia y clemencia concédeme [celebrar]  [participar en] esta Misa con mente limpia y corazón puro. Libra mi alma de todos los pensamientos vanos y nocivos, inmundos y nefandos. Envíame la custodia fiel y piadosa de tus ángeles, para que no se acerquen mis enemigos. Por la fuerza de tu gran misterio y por la acción de tus ángeles, líbrame de los malos influjos del espíritu de soberbia y de gula, envidia y blasfemia, fornicación e inmundicia, duda y debilidad. Sean confundidos los que nos persiguen, perezcan aquellos que se apresuran a perdernos. Amén.



Oración de Santo Tomás de Aquino antes de la Misa

Omnipotente y sempiterno Dios, he aquí que me acerco al sacramento de tu Unigénito Hijo Jesucristo, Señor nuestro; me acerco como un enfermo al médico de la vida, como un inmundo a la fuente de la misericordia, como un ciego a la luz de la claridad eterna, como un pobre y necesitado al Señor de cielos y tierra.

Imploro la abundancia de tu infinita generosidad para que te dignes curar mi enfermedad, lavar mi impureza, iluminar mi ceguera, remediar mi pobreza y vestir mi desnudez, para que me acerque a recibir el Pan de los ángeles, al Rey de reyes y Señor de señores con tanta reverencia y humildad, con tanta contrición y piedad, con tanta pureza y fe, y con tal propósito e intención como conviene a la salud de mi alma.

Te pido que me concedas recibir no sólo el sacramento del Cuerpo y de la Sangre del Señor, sino la gracia y la virtud de ese sacramento. Oh Dios benignísimo, concédeme recibir el cuerpo de tu Unigénito Hijo Jesucristo, Señor nuestro, nacido de Virgen María, de tal modo que merezca ser incorporado a su cuerpo místico y contado entre sus miembros.

Oh Padre amantísimo, concédeme contemplar eternamente a tu querido Hijo, a quien, bajo el velo de la fe, me propongo recibir ahora. Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.



Oración de San Juan Crisóstomo antes de la Misa

¡Oh Señor!, yo creo y profeso que Tú eres el Cristo Verdadero, el Hijo de Dios vivo que vino a este mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. Acéptame como participante de tu Cena Mística, ¡oh Hijo de Dios!

No revelaré tu Misterio a tus enemigos, ni te daré un beso como lo hizo Judas, sino que como el buen ladrón te reconozco.

Recuérdame, ¡Oh Señor!, cuando llegues a tu Reino. Recuérdame, ¡oh Maestro!, cuando llegues a tu Reino. Recuérdame, ¡oh Santo!, cuando llegues a tu Reino.

Que mi participación en tus Santos Misterios, ¡oh Señor! no sea para mí juicio o condenación, sino para sanar mi alma y mi cuerpo.

¡Oh Señor!, yo también creo y profeso que lo que estoy a punto de recibir es verdaderamente tu Preciosísimo Cuerpo y tu Sangre Vivificante, los cuales ruego me hagas digno de recibir, para la remisión de todos mis pecados y la vida eterna. Amén.

¡Oh Dios!, sé misericordioso conmigo, pecador.
¡Oh Dios!, límpiame de mis pecados y ten misericordia de mí.
¡Oh Dios!, perdóname, porque he pecado incontables veces.

Tomada de La Imitación de Cristo (III 15,15-18)

Concédeme, benignísimo Jesús, tu gracia, para que esté conmigo y obre conmigo y en ella persevere hasta la muerte.

Concédeme querer y desear en todas las circunstancias de mi vida lo que te sea más acepto y más te agrade

Que tu voluntad sea mía, y que mi voluntad siga siempre la tuya y esté continuamente de perfecto acuerdo con ella

Tenga yo un mismo querer y no querer contigo; y haz que solo pueda querer o no querer lo que Tú quieras o no quieras. Amén.



Quinque puncta

I. Detesto y aborrezco todos y cada uno de mis pecados, y todos los otros pecados cometidos desde el principio del mundo hasta ahora, yo todos los que serán cometidos hasta el fin del mundo: y, si pudiera, los impediría por la gracia de Dios, lo cual invoco suplicante.

II. Alabo y apruebo todas las obras buenas hechas desde el principio del mundo hasta ahora, y todas las que se harán hasta el fin del mundo; y si pudiera, las multiplicaría por la gracia de Dios, lo cual invoco suplicante.

III. Me propongo actuar, hablar y pensar todo para la mayor gloria de Dios, y con todas aquellas buenas intenciones que los santos alguna vez tuvieron, tienen o puedan tener

IV. Olvido y perdono de todo corazón a todos mis enemigos, a todos los que me han calumniado, a todos mis detractores, y a todos que me han hecho o deseado algún daño.

V. ¡Ojalá pudiera salvar a todos los hombres muriendo por cada uno! Libremente lo haría, por la gracia de Dios, que imploro suplicante, y sin cuál no puedo hacer nada.



Oración de preparación de la Misa: 

Oh Dios Clementísimo, escucha con piedad nuestras súplicas e ilumina nuestro corazón con la gracia del Espíritu Santo, para que merezcamos servir con dignidad a tus misterios y amarte con caridad eterna.

Oh Dios, que conoces nuestro corazón y nuestra voluntad, y que no ignoras ningún secreto: purifica nuestros pensamientos, infundiéndonos el Espíritu Santo, para que merezcamos amarte con perfección y alabarte dignamente.

Señor, enciende nuestras entrañas y nuestro corazón con el fuego del Espíritu Santo, para que te sirvamos con un cuerpo casto y te agrademos con un corazón limpio.

Te pedimos, Señor, que el Paráclito que procede de Ti ilumine nuestro entendimiento y nos lleve a conocer la verdad, como tu Hijo nos prometió.

Te pedimos, Señor, que nos asista el poder del Espíritu Santo, para que purifique con clemencia nuestros corazones y nos defienda de todos los peligros.

Oh Dios, que iluminaste los corazones de los fieles con la luz del Espíritu Santo, concédenos, según el mismo Espíritu, conocer las cosas rectas y gozar siempre de sus divinos consuelos.


Te pedimos, Señor, que purifiques nuestras conciencias para que, al venir Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, encuentre preparada en nosotros su mansión. Él, que vive y reina contigo por los siglos de los siglos. Amén.