sábado, 7 de febrero de 2015

El poder sanador del perdón




Dr. Fernando Arizábal Loaiza

Vivir en el pasado es morir al presente, nos perdemos el ahora cuando estamos en el ayer. El pasado ata, atrapa y mata. El presente libera, crea y da vida. Sólo en el tiempo del ahora nos permitiremos vivir satisfactoriamente.

El pasado es el recuerdo doloroso, el sentimiento que se convirtió en resentimiento, la experiencia dolorosa que le llamamos culpa. El amor que se transformó en odio, la sensibilidad que se vuelve sensiblería. Experiencias de dolor, miedo, culpa, insatisfacción y tristeza. Pesada carga que a veces llevamos con nosotros, equipaje que no nos permite vivir sino sobrevivir a duras penas.

Accedemos al presente cuando perdonamos, nos perdonamos y perdonamos a los demás. Perdón, palabra  sanadora. Perdonar no es aceptar los hechos ocurridos, no es olvidar, tampoco es negar lo que nos pasó. El perdón no justifica pero tampoco juzga. El perdón te libera del pasado y te pone en tiempo presente.

El ahora, tiempo de Dios. Momento maravilloso donde existen todas las posibilidades de cambio y transformación; en el cual tú comprendes , y no solo entiendes, aceptas pero no te resignas, aprendes para crecer y no para sufrir. Dejas de ser víctima y te conviertes en aprendiz.

Recuperas de esa manera el poder que alguna vez en ese pasado, lo habías extraviado. Poder de dirigir, determinar y direccionar tu vida. Poder de amar, comprender y aprender.  De construir un futuro a partir del presente.

El perdón no interroga, no tiene preguntas del pasado, porque ese pasado ya no existe. No importa lo sucedido porque ya sucedió. Pero sí es importante lo que hagas en el presente,  porque eso determinará tu futuro. No te conviertas en victima de otras víctimas, ni en actor de dramas de dolor y sufrimiento. Crea tu propia obra de teatro. Sé tú el guionista, el director y el observador.

Abre tu corazón al perdón, libérate de toda esa carga que te está pesando y no te deja avanzar. Perdona desde la comprensión amorosa, no para que cambies a los que te dañaron o justifiques los hechos acontecidos. Perdona para que seas feliz y recuperes la paz. Comprende que detrás de todo hecho por más doloroso y funesto que acontece siempre existe un significado profundo.
Perdónate a ti mismo, recupera tu integridad y tu inocencia.

Sobre todas las cosas que hayas hecho, cometido o protagonizado; considera que sigues siendo inocente a pesar de todo.

Libérate del miedo, del dolor y de la culpa. Siente que todos tenemos el derecho de equivocarnos alguna vez, pero también disponemos de la obligación de aprender para no repetir la experiencia dolorosa.

Perdona a los demás, mira en cada agresor una víctima de su pasado. En cada hecho de dolor una enseñanza que aprender. No dejes que te conviertan en victimario de los demás.
Acepta los hechos que te ocurrieron, no como resignación sino como actitud transformadora para el cambio. Convierte ese odio y resentimiento en comprensión amorosa, la culpa en aprendizaje y el miedo en coraje.

Despierta de la pesadilla tenebrosa del pasado a la vida cálida en presente que te espera.
Perdón, perdonarnos, perdonar. Hace mucho tiempo alguien nos había ya enseñado lo mismo cuando dijo: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen…”. Ahora es el momento de aprender, porque ya no hay más tiempo que perder.