jueves, 10 de septiembre de 2015

Salmo 91


            Tú que habitas al amparo del Altísimo
            y resides a la sombra del Omnipotente,
            dile al Señor: “Mi amparo, mi refugio,
            mi Dios, en quien yo pongo mi confianza”.

            El te librará del lazo del cazador
            y del azote de la desgracia;
            te cubrirá con sus plumas
            y hallarás bajo sus alas un refugio.
            No temerás los miedos de la noche
            ni la flecha disparada de día,
            ni la peste que avanza en las tinieblas,
            ni la plaga que azota a pleno sol.

            Aunque caigan mil hombres a tu lado
            y diez mil, a tu derecha,
            tú estarás fuera de peligro:
            su lealtad será tu escudo y armadura.
            Basta que mires con tus ojos
            y verás cómo se le paga al impío.

            Pero tú dices: “Mi amparo es el Señor”,
            tú has hecho del Altísimo tu asilo.
            La desgracia no te alcanzará
            ni la plaga se acercará a tu tienda:
            pues a los ángeles les ha ordenado
            que te escolten en todos tus caminos.

            En sus manos te habrán de sostener
            para que no tropiece tu pie en alguna piedra;
            andarás sobre víboras y leones
            y pisarás cachorros y dragones.
            “Pues a mí se acogió, lo libraré,

            lo protegeré, pues mi Nombre conoció.
            Si me invoca, yo le responderé,
            y en la angustia estaré junto a él,
            lo salvaré, le rendiré honores.
            Alargaré sus días como lo desea

            y haré que pueda ver mi salvación”.