sábado, 1 de agosto de 2015

Confía y no pierdas la fe

Confiar es difícil; ver la mano divina en lo que parece desgracia, cuando parece que has tocado fondo y no hay más; confía y sigue, que algo bueno te espera, aún no es el final

El único sobreviviente de un naufragio encontró refugio en una pequeña e inhabitada isla y cada día oraba fervientemente pidiendo a Dios que lo rescatara. Así, diariamente revisaba el horizonte buscando ayuda, pero ésta nunca llegaba.

Cansado de esperar, se dedicó a construir una pequeña cabaña para protegerse a sí mismo y sus pocas posesiones. Pero un día, después de andar buscando comida, regresó y encontró la pequeña choza en llamas, el humo subía hacia el cielo… Lo peor que había pasado, es que todo lo que tenía se había consumido entre las llamas.

El, confundido y enojado con Dios, en medio de lagrimas le decía “¿Cómo pudiste hacerme esto? ¿Por qué permites esta desgracia?”. Y se quedó dormido sobre la arena.

Al siguiente día, muy temprano, escuchó asombrado el sonido de un barco que se acercaba a la isla… Finalmente venían a rescatarlo. Cuando tuvo frente a sí a los marineros, les preguntó:

“¿Cómo sabían que yo estaba aquí?”. Y sus rescatadores contestaron:

“Vimos las señales de humo que nos hiciste…”

Es fácil enojarse cuando las cosas van mal, pero no debemos perder la paz en el corazón, porque Dios está preparando algo bueno para nuestras vidas, aún en medio de lo que reconocemos como penas y sufrimiento.

Recuerda, la próxima vez que tu pequeña choza se queme, puede ser simplemente una señal de humo que surge de la Gracia de Dios.

Por todas las cosas negativas que nos pasan, debemos decirnos a nosotros mismos: Dios tiene una respuesta positiva a esto.


¡Ànimo, arriba! No pierdas la fe.

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