jueves, 16 de julio de 2015

De Jesús con cariño



Veo cada una de tus lágrimas. Oigo el menor de tus clamores. Siento cada una de tus decepciones, cada preocupación, cada iniquidad, cada deseo. Te conozco íntegramente: estoy al tanto de cada una de tus aspiraciones y necesidades.

Veo tu corazón y cuanto en él albergas, y siento un amor profundo por tí.
Anhelo estrecharte en Mis brazos y borrar a besos tus heridas y pesares. Permítemelo nada más. Aspiro a consolarte, a aliviarte, a verter el suave bálsamo de Mi amor sobre cada uno de tus sinsabores, quebrantos, preocupaciones, temores, lágrimas y contrariedades.

Anhelo ahuyentar toda nube de confusión y aplacar tus desasosegados nervios. Deseo en el alma disolver tus amarguras y que cada uno de tus hondos anhelos se realice espléndidamente y te proporcione verdadera satisfacción.

Quiero brindarte el sol, la luna y las estrellas. Los éxtasis del Cielo y un amor que nunca morirá. Quiero ayudarte a superar toda experiencia lóbrega y sombría, a salir de toda niebla densa que te envuelva. Por grande que sea la confusión o el desespero acumulado en tu interior, aspiro a disolverlo porque te amo.

Tus fuerzas no provienen de tu propio espíritu. No provienen de vivir con una mentalidad terrenal, ni de apoyarte en tus propios razonamientos. La fuerza auténtica no procede sino de Mí. Solo viene como consecuencia, de reposar en Mis brazos, pues Yo Soy fuerza.

Solo puedo vivir en tí si me lo permites, si reposas en Mí, si sacas fuerzas de Mí, te relajas, te renuevas cada mañana y me preguntas qué quiero hacer, qué tengo planeado para ese día y cuál es Mi voluntad. Solo puedo vivir en tí si me lo permites.

Para ello debes pasar cada mañana un rato conmigo, diciéndome: “Este día es Tuyo Señor. Haz con él lo que quieras." Así obtendrás fuerzas.