sábado, 27 de junio de 2015

El poder de la bendición de un sacerdote, agua y sal bendecidas


La Beata Ana María Catalina Emmerick tenía el don de lahierognosis, que es un don sobrenatural para distinguir claramente los objetos bendecidos de los que no lo están, y las hostias consagradas de las que no lo son, así como las reliquias verdaderas de las falsas.

Dice en sus escritos: ”Veo la bendición y sus efectos sobre las cosas benditas como gracias que santifican y salvan, como luz que difunde luz; y lo malo, la culpa, la maldición las veo como cosas oscuras y tenebrosas, produciendo efectos de perdición…

He visto cuán admirables bendiciones nos vienen de oír la misa y que con ellas son impulsadas las buenas obras y, muchas veces, el oírla a una sola persona de una familia basta para que las bendiciones del cielo desciendan ese día sobre toda la familia… ¡Qué grande es la bendición sacerdotal! Penetra hasta el purgatorio y consuela como rocío del cielo a las almas, a quienes con fe firme bendice el sacerdote.

Es muy triste la negligencia de algunos sacerdotes en nuestros días respecto a las bendiciones. No parece sino que no saben lo que son estas bendiciones. Muchos, apenas creen en su virtud y se avergüenzan de ellas como de ceremonias anticuadas y supersticiosas, otros usan este poder y gracia, que Jesucristo les ha concedido, sin atención y como de paso. Cuando ellos no me bendicen, Dios me suele bendecir; pero, como el mismo Dios ha instituido el sacerdocio y le ha otorgado la potestad de bendecir, casi desfallezco por el deseo de recibirlas...

Cuando era niña, me sentía involuntariamente atraída, cuando un sacerdote pasaba cerca de la casa de mis padres. Si por acaso, ocurría encontrarme apacentando las vacas, las dejaba, encomendándolas al ángel de mi guarda, y salía a recibir la bendición sacerdotal…

Los sonidos de las campanas benditas los percibía como si fueran rayos de bendición, los cuales ahuyentaban a Satanás. El sonido de las campanas benditas es para mí más santo, más alegre, más vigoroso y suave que todos los demás sonidos”.

También es poderosa la sal bendita, dejada en los rincones de las habitaciones. Sobre el agua bendita dice Santa Teresa de Jesús: “Debe ser grande la virtud del agua bendita, para mí es muy particular y muy conocida consolación que siente mi alma, cuando la tomo… Tengo experiencia de que (los demonios) no hay cosa de que huyan más para no tornar; de la cruz también huyen, pero vuelven”.


(Vida 31,4).

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