jueves, 30 de abril de 2015

Consagración de uno mismo a San Miguel Arcángel


Oh Arcángel San Miguel, postrado en espíritu delante de tu altar, en la sagrada cueva que tú mismo consagraste en el Monte Gárgano, tu roca fuerte terrenal, yo te reconozco eterno defensor de los derechos de Dios, en el Cielo y en la Tierra; Custodio y Patrón Universal de la Iglesia Católica, luz y guía de los santos, de los sumos Pontífices, de los misioneros, y de todos aquellos que luchan por la fe de Jesucristo. Humildemente te suplico que aceptes mi consagración a tu celestial persona.

Yo te elijo mi Príncipe, soberano y guía en la lucha contra el mal, contra el pecado, el odio y las tinieblas. A ti te consagro mi persona, mi cuerpo con todos sus sentidos, mi alma con sus potencias, mi familia, mis bienes externos, presentes y futuros, en una palabra: todo lo que me pertenece y me es querido.

Por mi parte te prometo que defenderé siempre y en toda circunstancia con valentía el estandarte de la Cruz, renovando tu grito: “¿QUIÉN ES CÓMO DIOS?”; afirmando contra el enemigo del bien mi firme voluntad de defender, amar y hacer conocer, el Santo Nombre de Dios, María, San José y tu glorioso nombre, oh San Miguel.

Me esforzaré por vencer el mal por el bien, amar a Dios y al prójimo y observar fielmente los Mandamientos de Dios y los preceptos de la Santa Iglesia Católica Romana. Te pido humildemente la gracia de hacer por lo menos una vez durante mi vida el peregrinaje a tu Sagrada Gruta. Te suplico que me bendigas, me defiendas, me cuides, oh Arcángel San Miguel, y que pongas mi nombre en el libro eterno de la vida beatífica.

Tú que eres el que aquilatas y presentas a las almas a Dios. Tú que eres el primer Príncipe del Paraíso, ruega por mí, ahora y en la hora de mi muerte. Me propongo rezar cada día la oración del Sumo Pontífice León Xlll a tu celestial persona.

Somos miserables peregrinos en la tierra, pero somos tus devotos. Oh San Miguel Ruega por nosotros.

Amén.