viernes, 13 de marzo de 2015

Cómo afrontar las críticas y los beneficios de ser prudente



Perder el temor a las críticas y aprender a afrontarlas cuando se presentan, es uno de los mayores aprendizajes que van en camino hacia la madurez.


Fuente: LaFamilia.info
Catholic.net

Todos en algún momento hemos estado expuestos a las críticas de los demás, la diferencia entre dejarse afectar o no, está en el manejo que cada quien le de a este tipo de situaciones. Las siguientes son recomendaciones para aprender a que las críticas no hagan estragos en nuestra autoestima, y al contrario, convertirlas en fuentes de aprendizaje y fortalecimiento interior.

Es importante entonces, no sólo aprender a recibir las críticas, sino a sacar partido de ellas. Las siguientes son cinco pasos que ayudarán a lograrlo:

1. Identificar qué hay detrás de la crítica. Jennifer James autora del libro
¡No se ofenda!, invita a reflexionar acerca del origen de la crítica, por ejemplo: ¿es un comportamiento característico de la persona, lo repite regularmente con otros? ¿O es claramente dirigido a usted? ¿Lo que busca ese comentario es ponerlo a competir, a ponerlo alerta?

De encontrarse que la crítica es un ataque directo hacia usted, vale preguntarse además: ¿Qué le está pasando al que trata de herirlo? ¿Qué crisis personal podrá estar atravesando? Esto debido a que
las personas, en su mayoría, no están enojadas por la razón que ellas piensan o tratan de proyectar, sino que, por lo general, buscan herir porque le temen a algo. También puede ser un deseo de llamar la atención o una debilidad de su propia autoestima. Explica Jennifer James.

2. No reaccionar inmediatamente.
Ante la crítica, lo mejor, en muchos casos, es callarse y asentir. Suena a mansa sumisión, pero especialmente si somos pasionales, es mejor darnos tiempo cuando estemos a solas para reflexionar sobre aquello que nos han dicho. Sólo entonces podremos distinguir lo útil de lo accesorio, y extraer una valiosa enseñanza. Es la recomendación de Héctor G. Barnés en un artículo de Elconfidencial.com

Aunque suene difícil de aplicar, es la clave para evitar
salirse de casillas y que los conflictos pasen a mayores sin necesidad. Este ejercicio le dejará ver la crítica desde otra perspectiva, pues le permitirá determinar si en realidad no vale la pena prestarle atención o si tal vez hay algo de nuestra parte que se deba mejorar.

3. Rescatar lo bueno de la crítica. Las críticas conocidas como
destructivas pueden tener algo de constructivas, hay que aprender a captar la esencia y ser los suficientemente maduro y sincero consigo mismo para darse cuenta cuándo una crítica ha tocado uno de nuestros puntos débiles. Lo más sensato en estas situaciones, es no ponerse a la defensiva y reconocer el error, ya con este paso se alivia ese peso interior que esto puede acarrear. El paso siguiente será dejar este episodio atrás y no dramatizar.

4. Enterrar la crítica. Ante las críticas más duras y que sólo buscan hacerle daño, lo más recomendable es enterrarla, como dice el refrán
a palabras necias, oídos sordos, sin permitirse sentir odios ni rencores. Así lo sugiere James en su libro: Si tiene la fortaleza necesaria, capte el comentario, reconozca que no tiene nada que ver con usted, cave un hueco imaginario y olvídese de él. Luego respire profundo y pase la página. La capacidad de olvidar es una de las más importantes herramientas de sobrevivencia que existen.

5. No personalizar cada desacuerdo o conflicto. Muchas veces un comentario desafortunado se da en momentos de tensión, ira, miedo, ansiedad, estrés; siendo esos instantes los más susceptibles para que las personas se expresen de forma inadecuada. Por eso, cada comentario en contra, no puede ser tomado como una ofensa personal, pues de esta manera se está permitiendo que la autoestima sea lesionada una y otra vez.

Finalmente, perder el temor a las críticas y aprender a afrontarlas cuando se presentan, es uno de los mayores aprendizajes que van en camino hacia la madurez y armonía personal.

Los beneficios de ser prudente

Posiblemente muchos conflictos y decisiones erradas, podrían haberse evitado si en ese momento se hubiera actuado con prudencia. El ejercicio de la prudencia permite alcanzar los objetivos que nos proponemos. La prudencia es el arte de decidir bien, e implica el dominio de las reacciones y emociones.

La prudencia, que enseña a tomar decisiones, le proporciona al ser humano el dominio de sí mismo. Ayuda también a identificar las situaciones que son convenientes y las que no lo son. Ayuda a pensar antes de actuar -autocontrol-, lo que impulsa a la persona a medir las consecuencias de las acciones.
La virtud de la prudencia es la que nos educa para reflexionar bien y así, decidir bien. dice Francisco Cardona en uno de sus escritos.

Otra consecuencia de ser prudentes es que facilita la convivencia. Si bien todas las virtudes favorecen el trato con los demás, la prudencia es una de las protagonistas. Ser prudente es expresar las palabras que son, en los momentos que son; lo que impide hacer mella en las relaciones interpersonales. Sabemos que una determinada expresión en un instante crítico, es como una chispa en un pajar. Pero hay algo importante. La prudencia no sólo consiste en abstenerse de actuar; también es saber proceder cuando el bien así lo requiere. Por eso es equivocado calificar esta virtud de debilidad, cobardía e hipocresía.

La prudencia se relaciona con otras virtudes: tolerancia, discreción, sensatez, cautela, sabiduría, madurez, discernimiento, mesura, compostura, templanza, tacto, precaución, equilibrio, ecuanimidad, entereza, serenidad. Todas ellas facilitan el desarrollo personal y la interacción social.

Las desventajas de la imprudencia

Cuando se procede de forma imprudente, los perjuicios no tardan en aparecer,
si lo vemos bien, notaremos que la mayoría de nuestros desaciertos en las decisiones, en el trato con las personas o en la expresión de nuestras opiniones, se deriva de la precipitación, la emoción, el mal humor, una percepción equivocada de la realidad o la falta de una completa y adecuada información. El valor de la prudencia nos hace tener un trato justo hacia los demás y edifica una personalidad segura, capaz de comprometerse en todo y con todos, generando confianza y estabilidad en quienes nos rodean. *Catholic.net

En la práctica

En definitiva la prudencia debe estar presente en la relación conyugal, laboral, familiar y social. En síntesis la prudencia es:

Pensar antes de actuar. Evita la precipitación.

Dar un concepto objetivo luego de informarse a fondo. Evita las injusticias.

Ser oportunos al hablar y al actuar, ser asertivos y empáticos. Saber callar en algunos casos -llegará el momento justo-. Evita las situaciones que hieren a los demás.

Tener dominio de uno mismo, la prudencia está relacionada con la voluntad y la fortaleza. Evita tomar caminos errados y caer en tentaciones.


Enseñar a los hijos la prudencia

Los padres pueden empezar a educar a sus hijos en la prudencia ayudándoles a pensar antes de actuar en las consecuencias de su conducta. Hay que educar a los hijos en la prudencia ante todo con el ejemplo, pero conviene ayudarles a pensar, con preguntas: ¿qué pasará si vas a esa fiesta?, ¿qué pasa si no terminas tu tarea?, ¿es bueno hacer tal o cual cosa? Luego habrá que motivarles a llevar a cabo lo decidido, reconociendo sus buenas acciones.