miércoles, 28 de enero de 2015

Oración del silencio


Cuando el silencio y la soledad se cierren en el espíritu.

Cuando mis labios no encuentran palabras para expresar tu nombre.

Cuando tú callas y no lo acepto, porque quiero un Dios
cercano que me anime desde dentro y me arrulle con su voz.

Cuando el cansancio invade mi ser, la noche ruge
a mi alrededor y el día fastidia mi ceguera.

Tú caminas y paseas dentro de mí, sin hacer ruido porque callas.

Ese silencio me vuelve pesimista alargando más los años y días.

Las horas son como mil años y la noche como camino de la
tumba. La angustia y depresión son dos grandes poderes que me
arrastran a la desesperación y muerte sin retorno.

Me dicen la fe y tus teólogos que me llevas
de la mano o cargado en tus hombros peregrinos.

Quiero en las horas de silencio, fatigado, alzar el vuelo y
perderme en el túnel de la muerte para no sentir el hastío,
cansancio y horas amargas que a su vez nos vuelven inhumanos.

Pero dicen los que saben, que Tú vives adentro enamorado.

Bendito silencio que nos ayudas a despertar ansiosos de
encontrar la patria deseada, desarraigando nuestra débil
vida de este valle de sombras y escollos.

Bendito silencio que no habla de la fugacidad del tiempo,
creando sed de eternidad y descanso en otra patria clara
y luminosa donde no habrá llanto, ni gemidos, sombras ni
desiertos, cuando todo haya sido vencido por la muerte y
transfiguración de los que se van y no regresan habrá otro
silencio fecundo y duradero, del cual nadie quiere regresar
porque está sumergido en el silencio luminoso de tu visión beatífica.

Santo silencio que ahora me acobarda, florece en mi mañana
de ilusiones para poder despertar tras las rejas de la
vida, con ánimo de caminar hacia la patria abriendo el
alma a tu llamada, vigilante siempre de tu voz.

Paséate por el mundo de los hombres que vagan
sin sentido, esperando que tu irrumpas y organices
lo que nosotros hemos descuidado.

No calló Jesús, Hijo del Padre y María, ven
de nuevo a transformar tu patria en paraíso de seres
que se amen y den la mano unidos hasta el fin.

Háblame Señor, que estoy durmiendo en una
vida cómoda, sin perfiles ni identidad segura.

Háblanos a los que estamos cansados de
gemir en este valle de sombras sin sentido.

Que el camino de Emaús se acabe para descubrirte
presente al compartir mi pan con el que sufre más que yo...

Repítenos de nuevo:
"No temáis soy yo, la paz sea con vosotros",
para que las tinieblas de la guerra cesen ya,
pues estamos agotados de esperar.

Ven de nuevo Jesús a hablarnos de tu Padre y del
Espíritu, hay voces que opacan tu silencio,
ruido que fastidia y ahora tu silencio es milagroso. Amén.